Los muertos en Cristo.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Los muertos en Cristo.

Romanos 6:1-4.

Hasta este momento, el apóstol Pablo ha estado construyendo un caso para mostrar la necesidad de nuestra salvación. Se nos ha dicho que todos los hombres hemos pecado. Se nos ha mostrado que hay un medio de salvación, la fe el Señor Jesucristo. Se nos ha dicho que, al poner nuestra fe en Jesús para nuestra salvación, recibimos el regalo de la vida eterna. Pablo nos ha hecho saber que muchos están condenados por causa del pecado; sin embargo, también se nos ha hecho saber que aquellos que acuden a Jesús para su salvación, son rescatados de esa condenación para recibir una vida nueva.

A partir del capítulo 6, Pablo dedicará los próximos tres capítulos, diciéndonos cómo se vive esa nueva vida. Esa es una información importante y necesaria. Todas las señales apuntan al hecho de que muchas personas afirman tener una nueva vida, pero no parecen saber cómo vivir esa vida. En esta sección de las Escrituras, se nos darán instrucciones detalladas de cómo vivir la nueva vida en Cristo.

Pablo comienza su tratamiento de este tema en los primeros 4 versículos del capítulo 6. En este pasaje, se nos da nuestro primer conjunto de instrucciones relacionadas con la nueva vida. Hoy aprenderemos cómo deben vivir los que han muerto en Cristo. Eso puede sonar un poco extraño, pero tendrá sentido a medida que profundizamos sobre el asunto.

Para que los muertos en Cristo tengan una vida nueva, hay tres realidades que deben aceptar. Quiero compartir esas tres realidades con ustedes esta mañana. Analicemos lo que nos dice Pablo sobre los muertos en Cristo.

DEBEN ACEPTAR LA REALIDAD DE SU MUERTE (v. 1-2).

De su muerte al pecado. Como es su costumbre, Pablo se anticipa a los argumentos o pensamientos de sus lectores, para evitar malos entendidos. El argumento tratado por Pablo tiene su base en el contexto, en 5:20. En ese pasaje se nos dice que, en presencia de muchos pecados, sobreabundó la gracia.

Ante esta verdad, algunos pudieran estar pensando, “Bueno, si la gracia viene como resultado del pecado, ¿no deberíamos simplemente pecar más para poder disfrutar más de la gracia de Dios?” Lamentablemente, esa es la idea de muchos creyentes. Muchos saben que son salvos por la gracia de Dios; pero, al mismo tiempo no tienen problema en tolerar algún pecado en sus vidas. Son salvos, pero quieren seguir aferrados a algún pecado. Piensan que, aunque tengan ese pecado, Dios, por su infinita gracia, aun así los salvará. Pablo dice que eso no es así. Si usted ha tolerado algún pecado, no podrá esperar otra cosa de parte de Dios sino su juicio.

No es posible vivir en el pecado. La respuesta de Pablo es breve y sumamente clara. Si hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? (v. 2).

En este versículo, Pablo usa la muerte como una analogía de la vida en Cristo. Estando en Cristo, estamos más vivos que nunca; pero al mismo tiempo estamos muertos al pecado. Y cuando morimos al pecado, eso tiene ciertos resultados. Cuando esta muerte llega a nosotros, entonces todo cambia en nuestras vidas. La persona que muere al pecado, pierde todo intereses en las cosas que antes disfrutaba. Ya no ningún placer en seguir en el alcohol, o por las drogas, o por la fornicación y el adulterio. Ya no hay ningún interés en la inmundicia, o alguna de las muchas obras perversas que antes hacía. ¡Ya no hay deleite en el pecado!

Ahora hay un nuevo hombre. A él no le importa, ni tampoco quiere los “deleites temporales del pecado” (cf. Hebreos 11:25). Esto no es mágico, sino el resultado de recibir la verdad del evangelio sobre nuestra salvación.

Algunos pueden tener dificultades para entender esto. De hecho, les parece que todavía quieren pecar tanto o más que nunca. Bueno, el secreto para aceptar la realidad de nuestra muerte al pecado, está allí, en el versículo 11: Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Noten que Pablo dice que, debemos “considerar” nuestra muerte al pecado. La palabra “consideraos”, es del griego “λογιζεσθε” (logizesthe), el cual es un término contable. Pablo nos está diciendo que sumemos la evidencia que nos declara muertos al pecado y vivos para Dios.

Esto es algo que nosotros debemos hacer. Dios no lo hará por nosotros. Debemos involucrarnos activamente en reconocer y entender el hecho de que hemos muerto al pecado. Que no hay razón alguna para seguir en él, ni justificación alguna para continuar con él. Ya no somos sus esclavos. Pero eso es algo que nosotros debemos considerar. Luego, es nuestra total y absoluta responsabilidad el aceptar nuestra muerte al pecado. ¿Hemos aceptado la realidad de nuestro fallecimiento?

DEBEN ACEPTAR LA REALIDAD DE SU POSICIÓN (v. 3-4).

Al morir, somos colocados en un lugar (v. 3). Pablo nos dice que cuando fuimos bautizados en Cristo, también fuimos bautizados en su muerte. Aquí hay dos grandes beneficios para nosotros:

  1. Hemos sido colocados en el cuerpo de Cristo.
  2. Hemos participado de los beneficios de la muerte de Cristo.

Estamos en un lugar sumamente valioso, participando de bendiciones invaluables. Ahora gozamos de la protección de Dios, de su perdón, de su misericordia, siendo propietarios de todas y cada una de sus más grandes y especiales promesas. ¿Dónde podrá obtener un mejor lugar, con tan grandes bendiciones?

Estas cosas son grandes y poderosas verdades por las cuales tenemos la victoria sobre el pecado. La evidencia es contundente. Jesús murió, y murió para nuestra redención. Murió y luego resucitó, garantizando así todas y cada una de sus promesas y bendiciones para nosotros. Aceptemos la realidad de nuestra posición como personas bendecidas, y dejemos de compadecernos mientras estamos en este mundo.

DEBEN ACEPTAR LA REALIDAD DE SU POTENCIAL (v. 4).

Considere la comparación. Pablo nos revela una verdad en gran manera emocionante. No solo hemos muerto con Cristo, sino también con él hemos vuelto a una vida nueva. ¿Ven ustedes cómo es que hemos participado de todo lo que él ha hecho? Él murió, y nosotros morimos con él. Él resucitó, y nosotros también.

¡Lo que Pablo está tratando de decirnos es que nuestra vida está íntimamente ligada a la vida del Señor Jesús! Así como participamos en su muerte, también participamos en su vida.

Cuando una persona obedece el evangelio, esa persona se hace partícipe de la muerte del Señor, y al instante se hace partícipe de la vida del Señor. En Efesios 2:5, dice que “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”. Porque él murió, nosotros estamos muertos al pecado, y porque él vive, estamos vivos para Dios.

Considere la comisión. Dado que esto es cierto, el creyente debe, por tanto, caminar de una manera que sea coherente con su nueva vida. Ya que hemos muerto al pecado y puesto que hemos sido resucitados a una nueva vida en Jesús, hay algunas verdades que necesitamos saber. Para empezar, aquí dice que debemos andar en “novedad de vida”. Esto implica un contraste entre nuestra vida antes de Cristo, y nuestra vida después de Cristo. Debe existir diferencia entre ambas vidas.

  1. Hemos recibido una nueva naturaleza (2 Pedro 2:4).
  2. Somos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17).
  3. Somos un hombre nuevo (Colosenses 1:1-10).

Si esto es cierto, y lo es, entonces ¿por qué tantos todavía luchan con vidas que están contaminadas con el pecado? Bueno, porque nuestra mente debe ser renovada día a día. En nuestra mente, en nuestra memoria, en nuestro cuerpo, están todas y cada una de nuestras experiencias con el pecado. Y si no trabajamos para remover esas viejas experiencias, siempre estaremos siendo atraídos hacia esa antigua vida. Por tanto, debemos aceptar la realidad de que nuestro potencial, pues nuestra vida, toda ella, debe ser usada ahora para la gloria de Dios. Nuestros pies, nuestras manos, nuestros labios, nuestras mentes y nuestro corazón. Todo tiene ahora, el potencial para glorificar al Señor.

CONCLUSIÓN.

¿Cómo deben vivir los muertos en Cristo? ¡En realidad, no deberían! Siempre hay un problema cuando los muertos creen que todavía están vivos. Basta con mirar todas las películas de terror creadas en torno a este tema. ¡Cuando los muertos viven, hay problemas! Ya que estamos muertos, ¿qué se supone que debemos hacer? Bueno, debemos ceder nuestros miembros al Espíritu de Dios y permitirle vivir la vida de Dios a través de nosotros. Debemos considerarnos muertos a las cosas de este mundo y vivos a las cosas de Dios. Cuando finalmente podamos ver que estamos muertos y que cualquier vida que esperamos vivir debe ser vivida por Dios a través de nosotros, entonces estaremos listos para ser libres de la esclavitud del pecado.

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