Dormidos durante la tormenta.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Dormidos durante la tormenta.

(Jonás 1:1-17). Una de las cosas que más recuerdan las personas acerca del libro de Jonás, es el intento del profeta por alejarse de la presencia de Dios, y no cumplir con su misión de ir a predicar a Nínive. Es fácil aprender la historia, pero cuán difícil es responder ante las lecciones que nos entrega. Nuestra indiferencia ante las enseñanzas de este libro, debería de ser, por lo menos, vergonzosa.

Aquí tenemos a un hombre de Dios, tomando un barco para huir de la presencia de Dios. Y mientras está en ese barco, torpemente cree que no tiene más responsabilidad. Pero, siendo que ese barco es la única persona que conoce a Dios, y siendo que está rodeado de muchos que en ese sentido están extraviados, la responsabilidad de Jonás es la de ser luz a esas almas que viven cautivas en las tinieblas. Sin embargo, la luz en Jonás está apagada. No brilla. Y mientras la tormenta amenaza con destruir el barco, y mientras los hombres claman a sus dioses falsos, Jonás está durmiendo.

Y esta es la cuestión: El mundo en el que vivimos está atravesando una gran tormenta. La crisis económica, la guerra, la pandemia y la violencia están provocando una gran cantidad de males destructivos para toda persona sin importar su condición social. Pero además de eso, tenemos la popularidad que el pecado está alcanzando, al punto que está siendo convertido en un derecho. Cada vez más, diversos movimientos influyentes en la sociedad, están contendiendo por censurar la Biblia, y por criminalizar a quienes predicamos el evangelio. ¿Y nosotros? ¿Qué hacemos como iglesia? ¿Será que estamos dormidos? ¿Será que estamos dormidos durante la tormenta? Así estaba Jonás. Pero, de pronto, sucedió algo que despertó al profeta, y eso mismo debe despertarnos a nosotros.

CUESTIONARON SU CONDICIÓN (v. 5-6).

¿Qué tienes, dormilón?” (v. 6). Esta es una pregunta adecuada, natural. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Acaso estaba enfermo? No, sino que estaba tan atrapado en su rebelión contra Dios y en seguir su propio camino, que era indiferente a las circunstancias que le rodeaban.

Mis hermanos, si el mundo que nos rodea está en medio de una tormenta donde todos están viendo la manera de salvar sus propias vidas, ¿qué hay de nosotros? ¿Estamos dormidos?

Muchos han sido adormecidos por el modernismo, por medio del cual se han dedicado a cuestionar y criticar la Palabra de Dios. Están dedicados a minimizar, y a despreciar lo que dice. Ya no están dedicados a amonestar y reprender el feminismo, el homosexualismo, la poligamia, porque dicen que la Biblia habla desde una perspectiva cultural, en el que mucho de su discurso es “opresivo-patriarcal”. Creen que el papel que asigna la Biblia a la mujer es cultural. Creen que la Biblia no censura el homosexualismo, creen que Jesús no es Dios, creen que la voluntad de Dios no puede ser conocida en la Biblia, sino en el “espíritu” de la Biblia, en todo aquello que se adapte a los conceptos que sean “respetables” en la sociedad. Eso produce iglesias y cristianos dormilones, que lo único que pueden hacer es, juntarse para la diversión.

Muchos han sido adormecidos por su rebeldía. Muchos cristianos y muchas iglesias están determinados a seguir su propio camino, y no el camino que Dios indica en su palabra. Y no es que de pronto se hayan hecho “ateos”, pues creen en Dios, y saben que es real; pero, simple y sencillamente, no comparten todo aquello que ante sus ojos es “injusto” o “desagradable”. Juzgan lo que es bueno o malo, no por lo que Dios dice, sino por lo que ellos “sienten”. Si “sienten” bonito, si se “sienten” bien, entonces es bueno, y hay que seguir haciéndolo.

El capitán vino y reprendió al profeta: “dormilón”. Esto, a simple vista, no parece grave, pero lo es. Una iglesia dormida en medio de un mundo perdido, es algo muy serio. Es algo grave para los miembros de esa iglesia, porque si esa iglesia está dormida, es porque sus miembros están dormidos. ¿Qué dice Dios al respecto? ¿Qué dice Dios ante nuestra indiferencia? Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano (Ezequiel 3:18). Es cierto, el pecador será condenado por su pecado, por su maldad. Sin embargo, el cristiano no quedará libre de culpa, si no amonestó a ese impío (cf. 1 Corintios 9:16).

Es cierto que el mundo no dice nada, pero también es cierto que el mundo necesita de Dios, y está buscando llenar el vacío que tienen sin Dios. Por su ignorancia, están erigiendo toda clase de ídolos, sean religiosos, económicos o morales, pero todos están buscando la manera de llenar ese vacío. Por tanto, es tiempo de despertar (cf. Romanos 11:13-14).

CUESTIONARON SU PROFESIÓN (v. 7-8).

“¿Qué oficio tienes?” (v. 8). Debe haber sido vergonzoso para Jonás declararse a sí mismo como un hombre de Dios, del Dios verdadero. Esa misma vergüenza sintió Pedro después que negó al Señor tres veces. Es esa misma pena que sentimos todos cuando nuestro testimonio se ve arruinado por una mala decisión, sobre todo cuando las cosas que hacemos son altamente reprobables, incluso por aquellos que no son cristianos.

En 1 Corintios 5:1, Pablo señala un caso de inmoralidad que estaba provocando escándalo aún entre los que no eran cristianos. Pablo les dijo, Por ahí se dice que entre ustedes hay un caso de inmoralidad sexual que ni aun los paganos lo cometen. Se dice que uno de ustedes tiene relaciones sexuales con la esposa de su padre (NBD). Cuando esta persona fue reprendida por la iglesia, Pablo les dijo en 2 Corintios 2:6-7, Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Allí vemos lo que produjo ese pecado en su corazón. Cuando nuestro testimonio se ve afectado por nuestros pecados, el efecto natural es la vergüenza y la tristeza.

Por eso, mis estimados hermanos, nunca debemos permitirnos olvidar quiénes somos y que hemos sido llamados a hacer. Somos hijos de Dios, y hemos sido redimidos de nuestros pecados para llevar la luz de Dios al mundo.

CUESTIONARON SU ORIGEN (v. 8)

¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?. Estas preguntas envuelven diversas cuestiones relacionadas con la obra de Jonás. ¿De dónde vienes? ¿Cómo es que un hombre que teme a Dios huye y viaja a un lugar distinto al que Dios lo envía? Él es un hombre de Dios, que viene de un pueblo bendecido por Dios, viene de una tierra de Dios.

Mis hermanos, ¿cuál es nuestro origen? Jonás provenía de la tierra prometida, ¿y nosotros? Bueno, la Biblia dice que no somos de esta tierra. Bíblicamente, somos ciudadanos del cielo (cf. Filipenses 3:20; Efesios 2:6). Sin embargo, el pecado y la negligencia nuestra hace muy difícil que el mundo nos crea. Somos el pueblo de Dios, somos personas salvadas por la gracia de Dios, fuimos salvados de las garras del infierno; pero eso, nuestras obras deben coincidir con nuestra ciudadanía.

Cuando no es así, provocamos una disonancia, nos vemos ante el mundo como cristianos ensimismados, fuera de contacto e irrelevantes para el mundo y sus diversas necesidades espirituales.

CUESTIONARON SUS PROPÓSITOS (v. 10).

“¿Por qué has hecho esto?” Estos hombres están asombrados de que alguien actúe así. Por un lado, Jonás dice que teme a Jehová, y por el otro ha intentado huir de la presencia del Señor.  Sobre todo, ¿por qué alguien estaría durmiendo, mientras muchos están muriendo?

Mis hermanos, necesitamos tomar muy en serio la obra del Señor. Almas están pasando a la eternidad sin Dios, y llegará el día en que no podamos trabajar. Vean el ejemplo de Jesús: Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar (Juan 9:4). En Eclesiastés 9:10, dice: Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

Por eso, todos deberíamos cuestionar nuestro propósito. ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién soy realmente? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Estoy haciendo lo que debo hacer como cristiano?

CUESTIONARON SU CASTIGO (v. 11-17).

¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? (v. 11). La respuesta es única y con mucho sentido: Desechen al santo desobediente. De hecho, esa es una respuesta que se conforma exactamente con la forma en que piensa el mundo, cuando se dan cuenta de que no somos fieles. Ellos simplemente nos ignoran, nos desechan.

Tal vez hoy en día muchos se preguntan, ¿dónde encaja la iglesia en la situación del mundo actual? Bueno, veamos a Jesús. Él vivió en medio de un mundo hostil y contrario a su mensaje, pero nadie podía ignorarlo. ¿Por qué? Porque a dondequiera que Jesús iba, tocaba a las personas, y lo hacía por medio de lo que tenía, su poder, su mensaje, su santidad, era todo un desafío para el pecador y una luz para el que lo buscaba. Otorgaba perdón a los culpables, vida a los muertos, Jesús hizo la diferencia. Esa era la responsabilidad de Jonás, con Nínive y con la gente de la embarcación. Y esa es nuestra responsabilidad en este mundo tormentoso que nos rodea.

CONCLUSIÓN.

Mis hermanos, ha llegado el momento de despertar si estamos dormidos. Necesitamos estar activos y cumplir con nuestra obra, cumplir con el Señor, cumplir para con los del mundo. La tormenta es fuerte, pero tenemos lo necesario para salvar a cuantos nos sea posible.

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