Nehemías 13:1-14.
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Hermanos, a lo largo de nuestro estudio del libro de Nehemías hemos contemplado acontecimientos extraordinarios que nos han permitido reconocer la providencia de Dios, la importancia de la obediencia y la necesidad de perseverar en la obra que el Señor ha encomendado a su pueblo. Hemos visto cómo una ciudad que permanecía en ruinas fue reconstruida mediante el esfuerzo de hombres comprometidos con Jehová, quienes, a pesar de las amenazas de sus enemigos y de las dificultades que encontraron durante el trabajo, lograron terminar los muros de Jerusalén en cincuenta y dos días.
También hemos considerado la renovación espiritual que experimentó el pueblo cuando Esdras leyó públicamente la ley de Dios. Aquellos hombres y mujeres reconocieron sus pecados, confesaron la justicia de Jehová y asumieron solemnemente el compromiso de guardar sus mandamientos. Posteriormente, vimos cómo Jerusalén fue repoblada y cómo sus muros fueron dedicados mediante una celebración de gratitud y alabanza.
Después de estudiar todos estos acontecimientos, podríamos pensar que el pueblo había alcanzado una condición espiritual suficientemente sólida como para mantenerse fiel durante muchos años. Habían experimentado las consecuencias de la desobediencia de sus antepasados, habían reconocido sus propios pecados y habían declarado públicamente su disposición de servir a Jehová. Sin embargo, al llegar al capítulo trece descubrimos una realidad profundamente lamentable, porque aquella renovación espiritual comenzó a deteriorarse y el pueblo volvió a permitir prácticas que anteriormente había reconocido como contrarias a la voluntad divina.
Nehemías había regresado temporalmente a la corte del rey Artajerjes, conforme a lo que posteriormente explica en Nehemías 13:6. Durante su ausencia ocurrieron diversas irregularidades que afectaron la fidelidad del pueblo y el servicio del templo. Cuando finalmente regresó a Jerusalén, encontró una situación muy diferente de aquella que había dejado.
Esto nos recuerda que las victorias espirituales del pasado jamás garantizan por sí mismas la fidelidad del presente. Una persona puede haber demostrado extraordinario entusiasmo por la verdad, puede haber realizado grandes esfuerzos en la obra del Señor y puede haber participado de momentos profundamente edificantes, pero si comienza a descuidar su relación con Dios y abandona la autoridad de las Escrituras, terminará exponiéndose nuevamente al pecado.
Pablo advirtió acerca de este peligro cuando escribió en 1 Corintios 10:12, que dice, “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
Por eso, al comenzar nuestra meditación del último capítulo de Nehemías, consideraremos un asunto que sigue siendo necesario para todos los cristianos. Nuestro tema será La tragedia de la decadencia espiritual se manifiesta cuando el pueblo abandona la voluntad de Dios, y observaremos cómo esa decadencia apareció en tres áreas concretas de la vida religiosa de Jerusalén.
LA TRAGEDIA DE LA DECADENCIA ESPIRITUAL SE MANIFIESTA CUANDO EL PUEBLO DESOBEDECE LAS ESCRITURAS (v. 1-3).
El capítulo comienza describiendo una lectura pública de la ley de Moisés, durante la cual el pueblo descubrió nuevamente una disposición divina que debía observar.
A. PORQUE HABÍAN DESCUIDADO UN MANDAMIENTO.
Nehemías 13:1 dice: “Aquel día se leyó en el libro de Moisés, oyéndolo el pueblo, y fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios”.
La disposición mencionada procede de Deuteronomio 23:3–6, donde Dios había establecido restricciones particulares relacionadas con los amonitas y moabitas. Aquellas restricciones tenían un contexto histórico y religioso específico, porque estos pueblos habían manifestado hostilidad hacia Israel durante su peregrinación.
Debemos comprender que el problema no consistía simplemente en que aquellas personas pertenecieran a otras nacionalidades. La legislación mosaica contenía disposiciones específicas acerca de la participación de extranjeros en la comunidad de Israel, y el libro de Rut demuestra que una mujer moabita que abandonó sus dioses y se acogió a Jehová pudo ser recibida dentro del pueblo. Por tanto, la aplicación espiritual de este pasaje debe considerar la fidelidad al pacto y las restricciones particulares establecidas por la ley.
Sin embargo, el principio fundamental resulta evidente. Dios había comunicado su voluntad y esperaba que Israel la obedeciera.
Hermanos, nosotros también hemos recibido la revelación divina, y aunque vivimos bajo el nuevo pacto establecido mediante Jesucristo, seguimos teniendo la responsabilidad de someternos a la voluntad del Señor.
Jesús dijo en Juan 14:15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
La obediencia constituye una manifestación indispensable del amor hacia Cristo. Por eso debemos cuidar que nuestras convicciones religiosas estén fundamentadas en las Escrituras, evitando permitir que las costumbres, las tradiciones humanas o las preferencias personales determinen aquello que practicamos como iglesia y como individuos redimidos.
B. EL CONTEXTO HISTÓRICO DEL MANDAMIENTO.
Nehemías 13:2 explica la razón de aquella disposición: “Por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los maldijera; mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición”.
Este versículo nos recuerda los acontecimientos registrados en Números 22–24, cuando Balac, rey de Moab, procuró utilizar a Balaam para maldecir a Israel. Sin embargo, Dios impidió que aquella maldición alcanzara su propósito y transformó las palabras de Balaam en bendición.
Los enemigos de Israel habían procurado perjudicar al pueblo, pero Jehová demostró que sus propósitos no podían ser frustrados mediante aquellas conspiraciones.
Esta historia nos recuerda que el pueblo de Dios siempre debe mantenerse vigilante frente a las influencias que procuran apartarlo de la verdad. Las amenazas contra la fidelidad espiritual pueden manifestarse mediante persecuciones abiertas, pero también mediante enseñanzas equivocadas, compromisos inconvenientes y prácticas que poco a poco desplazan la autoridad de las Escrituras.
Pedro escribió en 1 Pedro 5:8: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.
Por eso necesitamos discernimiento espiritual y conocimiento de la Palabra, porque la ignorancia bíblica facilita que las personas acepten enseñanzas y prácticas contrarias a la voluntad de Dios.
C. LA CONVICCIÓN PRODUCIDA POR LA PALABRA.
El versículo 3 declara: “Cuando oyeron, pues, la ley, separaron de Israel a todos los mezclados con extranjeros”.
La lectura de la ley produjo una respuesta concreta. El pueblo comprendió que existía una situación incompatible con las disposiciones del pacto y procedió a corregirla.
Debemos observar que esta separación pertenecía a las circunstancias particulares de Israel bajo la ley mosaica. La iglesia de Cristo está compuesta por personas de todas las naciones, y el evangelio no establece restricciones basadas en la procedencia étnica. Sin embargo, el principio de obedecer la Palabra una vez conocida permanece plenamente vigente.
Santiago 1:22 declara: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.
Aquí encontramos una enseñanza indispensable. Podemos escuchar numerosas predicaciones, participar en estudios bíblicos y adquirir un conocimiento considerable de las Escrituras, pero todo ese conocimiento debe conducirnos a obedecer la voluntad de Dios.
Cuando descubrimos que alguna práctica de nuestra vida contradice las enseñanzas de Cristo, debemos estar dispuestos a corregirla. La fidelidad exige una actitud humilde delante de la verdad, incluso cuando obedecerla implica abandonar costumbres que durante mucho tiempo hemos considerado aceptables.
LA TRAGEDIA DE LA DECADENCIA ESPIRITUAL SE MANIFIESTA CUANDO EL PUEBLO PROFANA AQUELLO QUE DIOS HA SANTIFICADO (v. 4-9)
El segundo problema que Nehemías encontró fue especialmente grave, porque involucraba a uno de los sacerdotes encargados de administrar las cámaras del templo.
A. ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA PROFANACIÓN?
Nehemías 13:4–5 dice: “Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, y le había hecho una gran cámara”.
El texto continúa explicando que aquella cámara había sido utilizada anteriormente para guardar las ofrendas, el incienso, los utensilios y las porciones destinadas a los levitas, cantores, porteros y sacerdotes.
Pero, hermanos, debemos recordar quién era Tobías.
Durante la reconstrucción de los muros, Tobías había sido uno de los principales adversarios de Nehemías. Había participado en las burlas contra los trabajadores y en los esfuerzos destinados a obstaculizar la obra. Sin embargo, ahora encontramos a Eliasib, un sacerdote que tenía responsabilidades dentro del templo, facilitándole una habitación en las dependencias de la casa de Dios. ¡Qué lamentable transformación!
Aquel hombre que anteriormente había procurado impedir la reconstrucción ahora disfrutaba de un espacio que debía estar destinado al servicio religioso establecido por Jehová.
El problema consistía en que Eliasib había utilizado indebidamente una responsabilidad que le había sido confiada, permitiendo que sus relaciones personales prevalecieran sobre las disposiciones relacionadas con el templo.
Esta situación nos recuerda que quienes reciben responsabilidades en la obra de Dios deben administrarlas con fidelidad, procurando que sus decisiones estén gobernadas por las Escrituras.
Pablo escribió en 1 Corintios 4:2: “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”.
La fidelidad debe prevalecer sobre los intereses personales, las amistades y cualquier consideración que pueda conducirnos a comprometer la verdad.
B. LAS CONSECUENCIAS DE AQUELLA DECISIÓN.
El versículo 5 explica que la cámara entregada a Tobías anteriormente estaba destinada a guardar elementos necesarios para el servicio del templo.
Por tanto, aquella decisión produjo consecuencias que iban más allá de una simple irregularidad administrativa. Eliasib había desplazado recursos y espacios que tenían una función determinada dentro del sistema religioso de Israel.
Cuando las responsabilidades establecidas por Dios comienzan a ser utilizadas para satisfacer intereses particulares, el servicio que debía realizarse termina perjudicado.
Este principio también merece nuestra atención en la iglesia. Los recursos y las responsabilidades congregacionales deben administrarse conforme a la voluntad del Señor, evitando que las preferencias humanas desplacen las obras que Cristo ha encomendado a su pueblo.
Pablo recordó a los ancianos de Éfeso la seriedad de su responsabilidad cuando les dijo en Hechos 20:28: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”.
La iglesia pertenece al Señor, y quienes participan en su servicio deben recordar constantemente que son responsables delante de Él.
C. LA INDIGNACIÓN DE NEHEMÍAS.
Los versículos siete y ocho describen la reacción de Nehemías cuando regresó a Jerusalén y descubrió lo sucedido.
“Y vine a Jerusalén, y entonces entendí el mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios. Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara”.
Nehemías comprendió inmediatamente la gravedad de aquella situación.
El texto dice que le dolió en gran manera, porque aquello representaba una violación de las responsabilidades relacionadas con el templo. Por eso procedió a retirar los muebles de Tobías y a corregir aquella irregularidad.
Su reacción demuestra que la fidelidad a Dios requiere disposición para enfrentar el pecado, incluso cuando este involucra a personas que ocupan posiciones de responsabilidad religiosa.
Nosotros también debemos preocuparnos cuando encontramos enseñanzas o prácticas contrarias a las Escrituras. Sin embargo, nuestra manera de proceder debe estar gobernada por las instrucciones del Nuevo Testamento.
Pablo escribió en Gálatas 6:1, “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre”.
La corrección espiritual exige firmeza doctrinal, pero también humildad, prudencia y el propósito de restaurar a quien ha pecado.
D. LA RESTAURACIÓN DEL ORDEN.
El versículo nueve declara: “Y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso”.
Nehemías comprendió que retirar los muebles de Tobías constituía solamente una parte de la corrección necesaria. También era indispensable restaurar el uso legítimo de aquellas cámaras, devolviendo los utensilios y elementos que correspondían al servicio del templo.
Aquí encontramos una enseñanza importante acerca del arrepentimiento y la restauración espiritual.
Cuando una persona reconoce que ha obrado incorrectamente, debe procurar corregir aquello que sea posible y volver a practicar la voluntad de Dios.
Pablo describió el arrepentimiento de los corintios en 2 Corintios 7:11, destacando la solicitud, la indignación frente al pecado y el deseo de corregir lo sucedido.
La restauración espiritual exige acciones consecuentes con el arrepentimiento.
Por eso debemos estar dispuestos a examinar nuestras prácticas religiosas y corregir todo aquello que contradiga las instrucciones de Cristo, procurando que la iglesia permanezca fiel a la doctrina revelada en el Nuevo Testamento.
LA TRAGEDIA DE LA DECADENCIA ESPIRITUAL SE MANIFIESTA CUANDO EL PUEBLO DESCUIDA A QUIENES SIRVEN EN LA OBRA DE DIOS (v. 10-14)
El tercer problema que Nehemías encontró estaba relacionado con el sostenimiento de los levitas y cantores que participaban en el servicio del templo.
A. EL INCUMPLIMIENTO DE LAS RESPONSABILIDADES.
El versículo diez dice: “Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad”.
Recordemos que, bajo la ley de Moisés, los levitas tenían una situación particular dentro de Israel. Dios había establecido disposiciones específicas para su sostenimiento, porque no habían recibido una heredad territorial semejante a las demás tribus.
Sin embargo, durante la ausencia de Nehemías, aquellas contribuciones habían sido descuidadas. Como consecuencia, los levitas y cantores se habían visto obligados a regresar a sus tierras para atender sus necesidades materiales.
Esto afectó directamente el servicio del templo.
La situación resulta todavía más lamentable cuando recordamos que, en Nehemías 10:37–39, el pueblo había asumido solemnemente el compromiso de cumplir estas responsabilidades.
Aquello que habían prometido delante de Dios ahora estaba siendo abandonado.
Bajo el nuevo pacto, la iglesia no está sujeta al sistema levítico ni a los diezmos establecidos por la ley de Moisés. Sin embargo, el Nuevo Testamento sí enseña que quienes predican el evangelio pueden recibir sostenimiento material por su trabajo.
Pablo escribió en 1 Corintios 9:14, “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”.
Por tanto, las congregaciones deben considerar responsablemente las necesidades relacionadas con la predicación y la enseñanza de la Palabra, conforme a las instrucciones del Señor y a sus posibilidades.
B. LA CONFRONTACIÓN CON LOS DIRIGENTES.
Nehemías 13:11 declara, “Entonces reprendí a los oficiales, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus puestos”.
Nehemías comprendió que aquella situación no podía continuar. Los responsables habían permitido que el servicio del templo fuera descuidado, y por eso los confrontó directamente.
Observe que Nehemías identificó el problema y procuró corregirlo. Su pregunta, “¿Por qué está la casa de Dios abandonada?”, mostraba la gravedad de la negligencia.
Hermanos, en ocasiones resulta necesario confrontar situaciones que perjudican la fidelidad de una congregación. La paz espiritual jamás debe confundirse con la tolerancia de prácticas contrarias a las Escrituras.
Pablo exhortó a Timoteo en 2 Timoteo 4:2, “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.
Observe que la reprensión debe acompañarse de paciencia y enseñanza. La finalidad de la corrección es conducir a las personas nuevamente a la obediencia.
Nehemías comprendió esta responsabilidad y actuó para restaurar el servicio que había sido descuidado.
C. LA RESTAURACIÓN DEL SOSTENIMIENTO.
Los versículos doce y trece describen la solución adoptada. “Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes” (Nehemías 13:12).
Posteriormente, Nehemías nombró administradores responsables de distribuir aquellos recursos, seleccionando hombres que eran considerados fieles. El versículo trece concluye explicando, “Porque eran tenidos por fieles, y ellos tenían que repartir a sus hermanos”.
La restauración del servicio requería nuevamente que el pueblo cumpliera sus obligaciones bajo la ley mosaica y que los recursos fueran administrados responsablemente.
Aquí encontramos dos principios importantes.
El primero consiste en que la obra de Dios requiere que quienes participan en ella asuman sus responsabilidades. El segundo consiste en que los recursos destinados al servicio religioso deben ser administrados por personas fieles y dignas de confianza.
El Nuevo Testamento también muestra preocupación por la administración responsable de los recursos congregacionales.
Pablo escribió en 2 Corintios 8:20–21, al explicar las precauciones relacionadas con la administración de una contribución: “Evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres”.
La integridad en la administración de los recursos contribuye a preservar la confianza y evita que surjan sospechas que puedan perjudicar la obra del Señor.
D. LA SÚPLICA DE NEHEMÍAS.
Finalmente, el versículo catorce registra una oración profundamente significativa. El texto dice, “Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio”.
Después de enfrentar tantas dificultades y corregir aquellas irregularidades, Nehemías dirigió nuevamente su atención hacia Dios.
Su oración expresa el deseo de que Jehová recuerde su fidelidad y el servicio que había realizado.
Nehemías había encontrado oposición durante la reconstrucción de los muros y ahora debía enfrentar problemas surgidos dentro de la propia comunidad. Sin embargo, continuaba procurando cumplir sus responsabilidades delante del Señor.
Esta oración nos recuerda que nuestra perseverancia necesita apoyarse en la confianza en Dios.
Habrá ocasiones cuando nuestros esfuerzos parezcan producir pocos resultados. También podremos experimentar decepción al contemplar la conducta de personas que anteriormente habían demostrado entusiasmo espiritual y que posteriormente se apartan de la verdad.
En semejantes circunstancias necesitamos recordar que nuestro servicio debe realizarse principalmente para agradar al Señor.
Hebreos 6:10 declara, “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre”.
Esta promesa constituye un estímulo para continuar trabajando fielmente, aun cuando nuestro servicio pase inadvertido para otras personas.
Nehemías sabía que necesitaba la ayuda de Dios para perseverar, y nosotros también debemos reconocer esa necesidad.
CONCLUSIÓN.
Hermanos, al considerar Nehemías 13:1–14, hemos encontrado una advertencia profundamente necesaria acerca del peligro de la decadencia espiritual.
El pueblo de Jerusalén había experimentado una extraordinaria renovación. Había escuchado la ley, confesado sus pecados, reconstruido sus muros y celebrado públicamente la bondad de Jehová. Sin embargo, después de aquellas experiencias comenzaron a aparecer nuevamente prácticas contrarias a la voluntad de Dios.
Primero encontramos el descuido de las Escrituras, cuando el pueblo tuvo que ser confrontado nuevamente con disposiciones que debía obedecer. Después observamos la profanación de las dependencias del templo, cuando Eliasib permitió que Tobías ocupara una cámara destinada al servicio religioso. Finalmente, descubrimos la negligencia relacionada con el sostenimiento de los levitas, quienes habían tenido que abandonar sus responsabilidades para atender sus necesidades materiales.
Estos acontecimientos nos enseñan que la fidelidad espiritual requiere vigilancia constante.
Una congregación puede haber experimentado años de crecimiento y edificación, pero si comienza a descuidar la doctrina de Cristo, tolera prácticas contrarias a las Escrituras o abandona las responsabilidades que el Señor le ha encomendado, terminará debilitándose espiritualmente.
Lo mismo puede ocurrir con cada cristiano.
Por eso debemos examinar nuestra vida y preguntarnos si continuamos demostrando la misma disposición de obedecer que teníamos cuando conocimos el evangelio. Debemos considerar si nuestro conocimiento de las Escrituras está produciendo obediencia, si nuestras decisiones permanecen gobernadas por la voluntad de Cristo y si estamos cumpliendo responsablemente nuestras obligaciones dentro de la congregación.
El Señor Jesús advirtió a la iglesia en Éfeso acerca de la necesidad de recuperar la fidelidad que había descuidado.
En Apocalipsis 2:5 dijo, “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras”.
Esta exhortación demuestra que una congregación puede conservar ciertas actividades religiosas y, sin embargo, necesitar una profunda corrección espiritual.
Hermanos, no permitamos que las victorias del pasado nos conduzcan a una confianza descuidada. La fidelidad de ayer debe continuar manifestándose mediante la obediencia de hoy, porque nuestra responsabilidad delante del Señor permanece mientras tengamos vida.
Y si alguno ha comenzado a apartarse de la verdad, todavía tiene oportunidad de arrepentirse y volver a la obediencia. Dios nos llama a examinar nuestra conducta a la luz de su Palabra y a corregir aquello que sea necesario.
Por eso terminemos recordando la exhortación de Pablo en 1 Corintios 15:58, “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.
Que el Señor nos encuentre firmes en su Palabra, responsables en su obra y perseverantes en nuestra fidelidad, para que aquello que comenzó con entusiasmo espiritual continúe mediante una vida de obediencia hasta el final.
