Determinaciones divinas en favor de los santos.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Determinaciones divinas en favor de los santos.

Romanos 8:28-30.

La epístola de Pablo a los romanos está dirigida a los “amados de Dios, llamados a ser santos” (Romanos 1:7). En otras palabras, su contenido se dirige a aquellos que han depositado su fe en Jesucristo como su salvador, lo que confiere a la carta un mensaje profundamente espiritual y valioso para nosotros.

En los versículos que hemos leído esta mañana, observamos como Dios establece ciertos designios a favor de cada uno de sus hijos. Es importante destacar que aquí no estamos considerando las determinaciones de los creyentes, sino las de Dios. Esto nos recuerda que el plan de salvación, perfectamente concebido, es de naturaleza divina. La redención de cada pecador es una cuestión que atañe a Dios, y nosotros no desempeñamos ningún papel en ello más allá de ser receptores de su amor y misericordia.

Adentrémonos, entonces, con mayor profundidad en estos versículos, y al hacerlo, recordemos que nos sumergimos en aguas de profunda reflexión, pero seguras. En este contexto, descubriremos un sustancioso alimento para nutrir nuestras almas, ya sea que estén atravesando las adversidades de la vida o disfrutando de las abundantes bendiciones divinas.

LA DETERMINACIÓN DE LA PROMESA DE DIOS (v. 28).

El apóstol Pablo dice, Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. En este versículo Pablo usa dos frases que hacen referencia a los mismos individuos. Por un lado, habla de “los que aman a Dios”, y luego dice que estos son aquellos “que conforme a su propósito son llamados”. En otras palabras, Pablo está haciendo referencia a los santos, a todos aquellos que han obedecido el evangelio de Cristo.

Ahora bien, ¿qué dice acerca de los santos? Dice que “todas las cosas les ayudan a bien”. Aquí tenemos una promesa divina: Todas las cosas nos ayudan a bien. Pero, ¿De qué “cosas” estamos hablando? Bueno, de todo aquello que hemos estado predicando anteriormente. Las cosas que nos ayudan a bien, son la obra de Dios a través de Jesucristo, nuestros padecimientos por causa de la fe, nuestra esperanza y paciencia ante las adversidades de la vida, y la intercesión del Espíritu Santo. Pablo, entonces, no se refiere específicamente a cualquier sucedo que pudiera ocurrir en nuestras vidas, sino a las diversas obras de Dios en favor nuestro. Pablo dice que nos “ayudan a bien”. Entonces…

Debemos tener confianza. La declaración de Pablo es impactante, pero de todos modos es absolutamente cierta. Mis hermanos, esto que dice Pablo aquí, es una gran promesa y, de hecho, es sumamente importante para Dios. Su reputación depende del cumplimiento de estas palabras. Pablo no dice que algunas de las cosas que Dios hace son para bien, sino todas y cada una de ellas. Esta promesa es tan grande como Dios lo es. Está llena de misericordia, representando una de las muchas expresiones del amor de Dios por nosotros. Así que, como es Dios quien la declara, debemos tener confianza en que se cumplirá.

Mis hermanos, si alguna promesa de Dios falla, los cielos se vestirían de cilicio, el sol, la luna y las estrellas se desviarían de su curso; el universo se mecería produciendo un fuerte viento cósmico que arruinaría por completo la creación entera. Tal cosa sería una exponencial tragedia. Una tragedia de alcance universal. Una tragedia divina. Si todo lo que Dios hace es tan grande como lo es su poder, ¿se imaginan el tamaño de esa falla? Tendríamos a un Dios arrogante, pretensioso y mentiroso. No habría razón para confiar en él. Por eso, dudar de esta promesa, es dudar de la misma naturaleza divina. Confiemos en Dios, confiemos en su palabra, confiemos en su promesa.

Confiemos en su integridad. Como dije hace un momento, Pablo dice que “todas las cosas nos ayudan a bien”. La palabra “todas” hace referencia a la totalidad de algo. No es “algunas”, ni la “mayoría” de esas cosas, sino todas y cada una de ellas. No importa si no entendemos todas esas cosas; aun así, nos ayudan a bien. No importa si algunas de ellas no nos gustan, aun así, nos ayudan a bien. ¿Qué cosas incluyen esas “cosas”?

  1. Cosas dulces funcionan para nuestro bien. Es fácil ver cómo las cosas dulces de la vida funcionan para nosotros. El hogar, la familia, la salud, la riqueza, la salvación, etc. Estas son las cosas de la vida que la hacen buena y nos hacen sentir bien. De hecho, estas bendiciones del Señor deberían hacernos querer ser mejores cristianos (cf. Romanos 2:4). Debemos agradecerle y alabarlo por sus dulces bendiciones (cf. 1 Tesalonicenses 5:18; Hebreos 13:15).
  2. Cosas amargas o dolorosas funcionan para nuestro bien. Una guerra donde podamos terminar muertos o llevados cautivos, ¿será algo que funcione para nuestro bien? En la Biblia hay varios ejemplos donde sucedieron cosas extremadamente dolorosas a personas de Dios, y al final, todas esas cosas fueron para su bien: Job, Jacob (Génesis 42:36), Judá (Jeremías 24:5), el salmista (Salmo 119:71), José (Génesis 50:20), Manases (2 Crónicas 33:11-12). Muchas veces el lecho de enfermedad, el valle de sombra de muerte o el tiempo de tristeza pueden enseñarnos muchas cosas acerca de Dios que cientos de sermones dominicales. Cuando Dios permite un tiempo de tristeza, sufrimiento o dolor en nuestras vidas, siempre es para nuestro bien y para su gloria. Él nunca dijo que nos tuviera que gustar, ¡pero, aun así, deberíamos esforzarnos por ser agradecidos! Recuerden, es el ojo lavado con lágrimas el que ve mejor.
  3. Las cosas pecaminosas obran para nuestro bien. Los cristianos no deben pecar; pero, cuando lo hacen, el sufrimiento resultante será para nuestro bien (Apocalipsis 3:19). Dios puede tomar nuestra experiencia pecaminosa y usarla para nuestro bien (cf. Lucas 22:31-34).

Dios usa todas las circunstancias de la vida para nuestro bien. Puede que no veamos lo bueno en ese momento, pero aún podemos consolarnos y regocijarnos en la plenitud de la promesa de Dios.

Consideremos la causa de sus efectos. ¿Qué causa que esas cosas nos ayuden a bien? Estas cosas no simplemente funcionan para el creyente, más bien, están teniendo lugar debido a la preocupación personal y la obra de Dios en nuestras vidas. La causa es el asombroso poder de Dios. Él es todopoderoso, omnisciente y puede tomar control de cada situación de la vida si confiamos y nos soltamos en él (cf. Mateo 28:18; Efesios 3:20; Lucas 1:38; Job 42:2). Cuando apartamos nuestros ojos de Él y de nuestras circunstancias, nos espera una caída: Pedro (cf. Mateo 14:28-31).

Mis hermanos, no debemos permitir que las diversas circunstancias en la vida nos alejen de Dios, o nos hagan decaer en su obra. Hace unos días, mientras preparaba este mensaje, estuve leyendo de aquí y de allá, y llamó mucho mi atención un episodio en la vida de Martín Lutero que me impactó, por lo que consideré prudente hacerlo parte de este mensaje, para ilustrar este punto.

Martín Lutero era propenso a sufrir períodos de profunda depresión. Un día, durante uno de esos momentos, se acercó a la mesa para desayunar, y encontró a su esposa vestida de negro. Parecía como si estuviera asistiendo a un funeral. Con una expresión interrogante, Lutero preguntó a su esposa quién había muerto. Ella le respondió con una tranquila pero convincente respuesta, y le dijo, “Dios. Dios ha muerto”. Lutero se levantó de su silla y alzando la voz dijo, “¡Mujer, eso es una blasfemia!”. Ante eso, su mujer le respondió, “No es más blasfemo decir que Dios está muerto que vivir como si lo estuviera”. ¡Lutero entendió el punto y se arrepintió de su necedad!

Y nosotros debemos hacer lo mismo. Cuando la vida sea buena o mala, siempre debemos tener presente que somos de Cristo, que Dios está detrás de cada circunstancia que enfrentamos, y que siempre obrará para bien, si reaccionamos dentro de su voluntad. La Biblia dice, “en todo esto no pecó Job”. Sí, la situación era sumamente adversa y difícil de soportar, pero “no pecó”. ¿Qué hacemos nosotros ante la vida si es dulce o amarga? ¿Tomamos el camino de la desobediencia, de la rebeldía a su voluntad? ¿Esa es nuestra respuesta? Mis hermanos, cuando la vida es dulce o amarga, somos desafiados a disfrutarla o a soportarla dentro de la voluntad de Dios. Y si lo hacemos, Dios dice que será para nuestro bien.

Considere la condición. Esta promesa no es para todos, sino para los que aman a Dios. Pablo dice, “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Si todas las cosas ayudan a bien a los que ama a Dios, ¡lo contrario debe ser cierto para aquellos que no lo aman! Para aquellos que no obedecen sus mandamientos. Jesús dijo, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Si no amamos a Dios y no confiamos en su sabiduría, fácilmente nos rebelamos contra Él y nos negaremos a someternos a su bendita y buena voluntad.

Considere su consecuencia. Mis hermanos, este versículo no fue diseñado para nuestra felicidad. Estas palabras no deben tomarse a la ligera. De hecho, si usted considera estas palabras dentro de su contexto, entenderá que el propósito de Dios, al usar todas estas cosas para nuestro bien, es para moldear nuestras vidas, de tal suerte que seamos más como Jesús.

¡Dios está haciendo todo lo que hace para hacernos más como Jesús! Mis hermanos, el trabajo de Dios sobre nosotros, no terminó el día que fuimos salvos. Allí empezó, y continuará hasta que reflejemos la perfecta imagen de su Hijo. Romanos 8:28 nos enseña que Dios tiene un plan eterno y nada podrá cambiarlo. El plan de Dios es que reflejemos su carácter, como quien está reproduciéndose en cada uno de nosotros. Teniendo en mente esto, consideremos la siguiente determinación de Dios sobre la vida de los santos.

LA DETERMINACIÓN DEL PROPÓSITO DE DIOS (v. 29-30).

Estos versículos simplemente nos enseñan que Dios está obrando en los santos para reproducir la imagen de Jesús en cada uno de ellos (v. 29). ¡Esa es una verdad preciosa!

Sin embargo, estos textos bíblicos representan un gran problema para muchos. Alrededor de estos textos bíblicos se han hecho toda clase de teorías que han generado una gran cantidad de disputas y conflictos, no solo en el mundo de las denominaciones, sino entre muchos amados hermanos en Cristo. No quiero entrar a tratar cada disputa en particular, sino enfocarme en lo que Pablo dice.

Lo que espero lograr al predicar las verdades contenidas en estos dos versículos es hacer que cada uno de nosotros comprenda que Dios está obrando un plan eterno en la vida de cada hijo de Dios. Estos versículos nos hablan de ese “propósito” mencionado en el versículo 28. ¿Qué es lo que Dios se ha propuesto hacer en la vida de los santos? El versículo 29 nos explica ese propósito. Dios ha obrado, sigue obrando y continuará obrando en la vida de los santos, para que sean “hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. ¿En qué se basa este propósito?

Se basa en la aprobación divina (v. 29a). Pablo habla de los que antes conoció. La palabra “conocer” tiene el significado de “aprobar”. Por ejemplo, en Mateo 7:23, dice, Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. ¿Lo ven? Dios aparta de sí a quienes él no conoce. Por tanto, cuando Pablo dice que Dios cumple su propósito sobre los que “antes conoció”, está hablando de personas que son aprobadas por Dios. ¿Quiénes son, entonces, aprobados por Dios, y así, conocidos por él?

  1. Aquellos que hacen su voluntad: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).
  2. Aquellos que en él confían: Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían (Nahúm 1:7).
  3. Aquellos que oyen su voz, la obedecen: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27).
  4. Aquellos que aman a Dios: Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él (1 Corintios 8:3).

Dios aprueba o conoce a quienes obedecen su evangelio y viven haciendo su voluntad. Dios cumple su propósito sobre ellos.

Se basa en la predestinación divina (v. 29b). Una vez que Pablo ha dicho que el propósito de Dios es para los que son aprobados o conocidos por él, también dice que estas personas son predestinadas para cumplir en ellos su propósito. Cuando hablamos de la predestinación, tenemos que tener cuidado, pues Pablo no habla de la predestinación “calvinista”.

  1. La predestinación calvinista, enseña que Dios eligió o escogió particularmente a una cantidad específica de individuos para salvarlos, y determinó que el resto fuesen condenados al infierno eterno. Esta elección es incondicional y arbitraria. Pero, tal cosa no la enseña la Biblia.
  2. La predestinación bíblica, enseña que Dios predestinó a cierta clase de personas para la salvación. Esta clase de personas son los santos (cf. Efesios 1:3-5). ¡La predestinación bíblica es en referencia a la iglesia, es decir, al conjunto de los salvos! (1 Pedro 1:2, 18-20; Efesios 2:10; 3:10-11)

Se basa en el llamamiento de Dios (v. 30a). Pablo dice que los aprobados por Dios, quienes han sido predestinados para cumplir su propósito, fueron llamados: Y a los que predestinó, a éstos también llamó. Este llamamiento no es subjetivo, no es por un calor o una voz audible que alguno escucha durante la noche. Este llamamiento es por medio del evangelio: a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:14). Otra vez, esto nos muestra que los predestinados, siendo los llamados, no son otros, sino los santos (cf. 1 Tesalonicenses 4:7).

Se basa en la justificación (v. 30b). Pablo dice, y a los que llamó, a éstos también justificó. Esta es una de las bendiciones que gozan los santos (cf. Romanos 3:4; 5:9, 1; Santiago 2:24).

Se basa en la glorificación (v. 30c). Las palabras finales de Pablo dicen, y a los que justificó, a éstos también glorificó. Aquí tenemos la culminación del divino plan de salvación. Por eso, Pablo dijo en Filipenses 3:20-21, “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. ¡El propósito de Dios finalmente se cumple! En ese día seremos semejantes al Hijo de Dios.

CONCLUSIÓN.

Romanos 8:29-30, es una síntesis del divino plan de redención. El plan inicia en la eternidad, en la mente de Dios, y culmina en la eternidad, cuando seamos glorificados y moremos por siempre con él, cumpliéndose así el propósito que Dios tiene para sus hijos.

Entonces, la determinación de su promesa y de su propósito para los santos, son cosas tan seguras, que se habla de ellos como asuntos ya cumplidos, como ya realizados. Noten que las palabras “conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó”, todas están en tiempo pasado, como cosas ya cumplidas. Los santos gozan de la realidad de tales promesas; pero, ¿es usted parte de ellos? ¿Somos parte de aquellos que componen el cuerpo de Cristo? Si no lo somos, basta con obedecer el evangelio de Cristo para serlo. Y si ya lo somos, entonces hay que perseverar fieles hasta que todo su plan se cumpla.

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