Lo que tiene una iglesia de Cristo.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Lo que tiene una iglesia de Cristo.

(Hechos 2:41-47). ¿Qué es lo que tiene una iglesia de Cristo? ¿Qué es lo que ha recibido de parte de su diseñador? Así como un pintor provee de forma y color a su obra de arte, así el Señor, siendo el diseñador de lo que es y tiene una iglesia de Cristo, así le ha provisto de diversas cosas importantes para ella, para su obra y para su naturaleza como iglesia del Señor.

Para responder estas cuestiones, vamos a regresar al día de Pentecostés, en Hechos, capítulo 2. Vamos a regresar a esos eventos, porque fue ese día cuando inició la primera iglesia local en este mundo. Solamente espero que, como iglesia local que somos, no estemos alejados de ese modelo.

En nuestros días, hay tantas clases diferentes de iglesias de las que uno puede imaginar. Abarcan toda la gama, desde los que sostienen las doctrinas fundamentales de la fe, hasta todo tipo de enseñanzas poco ortodoxas en las que uno pudiera pensar. Algunos de los diferentes estilos y creencias que existen hoy en día van desde los más conservadores, hasta los más extravagantes.

Como cristiano, y como predicador del evangelio, estoy interesado en estar en el tipo correcto de iglesia. Estoy interesado en ser miembro en una iglesia que sea lo más parecida posible al tipo de iglesia que Dios diseñó. Para entender qué tipo de iglesia era esa iglesia, necesitamos mirar el capítulo que tenemos ante nosotros hoy. Hay marcas relevantes que la iglesia de Cristo en Jerusalén tiene. Hoy vamos a considerar algunas de ellas.

TIENE EL MENSAJE CORRECTO (v. 22-37).

Tiene el mensaje correcto acerca de El Salvador.

Este mensaje afirma que Jesús es Dios en la carne. En el versículo 22, vemos que la predicación de Pedro está centrada en Jesús de Nazaret. El texto dice, Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis. Es evidente que, dado que los judíos piden señales (1 Corintios 1:22), Jesús fue aprobado entre ellos por todas y cada una de las señales que hacía. Sin embargo, estas señales, no solamente mostraban que Jesús era un “varón aprobado por Dios” entre los judíos, sino que también mostraban su divinidad. El apóstol Juan lo dijo así, Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. (Juan 20:30, 31). Las señales demostraban que Jesús es “el Hijo de Dios”, lo cual significa que él es Dios, pues cuando decía que Dios era su propio Padre, se hacía igual a Dios (Juan 5:18).[1] El mismo Juan dijo, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1). Entonces, así como la iglesia de Cristo en Jerusalén tuvo el mensaje correcto acerca de El Salvador, así hoy en día toda iglesia de Cristo debe tener este mismo mensaje.

Este mensaje, es el mensaje correcto acerca de su muerte y resurrección (Hechos 2:23-24, 32). Este mensaje es importante porque la salvación del pecador encuentra su pago y su eficacia en esos dos eventos.

La salvación tuvo un costo, y este costo es la sangre de Cristo derramada en la cruz del calvario. Pablo dijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia (Efesios 1:7). Nadie en este mundo podía pagar el costo de nuestra salvación. El precio del perdón de pecados es sumamente alto, teniendo la sangre de Cristo el valor suficiente para cubrirlo. Jesús dijo, porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados (Mateo 26:28). En Hechos 20:28, dice, “Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual ganó por su propia sangre”. O como dice la RV1602 Purificada, “para apacentar la iglesia de Dios, la cual él compró con su propia sangre. La sangre de Cristo fue el precio que se pagó para hacer posible el perdón de nuestros pecados.

No obstante, la salvación es eficaz debido a su resurrección. Esto se hace evidente cuando Pablo dijo, si Cristo no resucitó aún estáis en vuestros pecados. (1 Corintios 15:7). Sí, Cristo pudo haber muerto, derramando su sangre en la cruz, pero sin la resurrección, esa sangre no vale nada. Es una muerte más. Es como entregar un cheque sin fondos. Pero, dado que Cristo resucitó, es que dicha muerte adquiere valor. Fue por eso que, en la gran comisión, Jesús declaró que la realidad del perdón de pecados descansa en su resurrección de entre los muertos. Él dijo, Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. (Lucas 24:46-47). ¿Leyó con atención? Bajo el nuevo pacto, la predicación legítima del perdón de pecados no puede ofrecerse solamente con lo que está escrito, ni solamente con la muerte de Cristo, sino hasta que la resurrección acontece. El poder de las Escrituras y de la muerte de Cristo descansa en su resurrección de entre los muertos. ¿Qué potestad tendría Cristo si no hubiese resucitado de los muertos? ¿Qué potestad tendría para tener discípulos sin la resurrección? ¿Qué eficacia podría tener el bautismo que es mandado por un muerto? Ninguna, en tanto no resucitase de los muertos. Pero, habiendo resucitado de los muertos dijo, Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:18-19). Esta potestad no la tuvo hasta que resucitó, y así, se hizo posible nuestra salvación. Luego, la salvación, la justificación, la santificación, la purificación, el lavamiento de pecados no son posibles por “la potestad o autoridad de una iglesia”, o “por la potestad de algún predicador”, “o del que te bautiza”, sino por la potestad de aquel que resucitó de los muertos:

  • 1 Pedro 1:3, Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.
  • 1 Pedro 3:21, El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo.

La iglesia de Cristo en Jerusalén predicó un mensaje que exalta a Jesús, proclama su muerte redentora y el poder de su resurrección, para que todo aquel que en él crea, reciba en su nombre el perdón de pecados.

Tiene el mensaje correcto acerca del pecado (Hechos 2:23, 36).

Cuando los hombres escucharon la predicación del evangelio, ellos entendieron que eran pecadores. Pedro fue certero y preciso cuando les dijo que, por medio de hombres perversos, mataron al Mesías, al Hijo de Dios. Pedro les dijo, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole (v. 23). Este hecho impactó enormemente en sus corazones, y más cuando Pedro reiteró su pecado, diciendo, Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (v. 36).

Esa era la principal característica de la predicación con respecto al pecado. Pablo dijo en Romanos 3:23, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Hoy en día, debemos también llevar este mismo mensaje al mundo. Las personas necesitan saber sobre sus pecados, y sobre las consecuencias de sus pecados. ¿Con qué fin? Con el fin de llamarles a la reconciliación con Dios. Pedro dijo en Hechos 2:40, Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. La iglesia en Jerusalén tenía el mensaje correcto acerca del pecado.

Tiene el mensaje correcto acerca de la salvación (Hechos 2:38-40).

Esta iglesia señala al mundo a la persona que hace posible su salvación. No dirige a sus oyentes a rituales muertos, o a medios de salvación que son extraños a la voluntad de Dios. Es una iglesia que entiende y enseña que la salvación es un don de Dios (Efesios 2:8-9), y no es un pago que alguien recibe por cierto trabajo. Tampoco es un premio por su buena conducta. Es un don, es un regalo, es algo que nace total y directamente de la gracia de Dios.

Esta iglesia presenta a Jesús como la única y final solución para el pecado del hombre. Es una congregación que recuerda y transmite al mundo las palabras que el Señor dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 4:24). Cuando Pedro estaba predicando a los “gobernantes del pueblo y ancianos de Israel” (Hechos 4:8), les dijo, Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (v. 12).

Es una congregación que entendió que el evangelio es un mensaje universal, y que es para toda criatura. Pedro dijo en Hechos 2:39, Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y ese mismo entendimiento debe ser nuestro también. La salvación no es solo para nosotros, la salvación es también para todos lo que a nuestro alrededor están. Usted no tiene ninguna facultad para decir que la salvación no es para este u otro; más bien, debe entender que la salvación es para toda criatura. Lleve el evangelio a esa criatura.

TIENE LA MEMBRESÍA ADECUADA

La iglesia en Jerusalén tuvo una membresía salvada (v. 37, 40-41). Esta iglesia está formada por personas que han experimentado el “nuevo nacimiento” (Juan 3:3, 7). La tendencia en la iglesia moderna de llenarla con cizaña a cualquier costo es algo lamentable. Es por eso que en las iglesias hay tantos conflictos, desanimo y pecado. Es por eso que muchas iglesias se están llenando de filosofías de toda clase. La iglesia de hoy están tolerando otro Jesús, pues siempre vemos que se levantan falsos profetas o líderes autoritarios que se adueñan de las iglesias para llevarlas tras de sí mismos, donde ellos son el centro de todo y no Jesucristo. Hay iglesias que están tolerando “otro espíritu”, pues no pueden cambiar ni lidiar con sus problemas a través de la Palabra de Dios, sino a través de la necesaria intervención de terapeutas y sicólogos. Están tolerando “otro evangelio”, porque están adulterando el plan sencillo de salvación, mutilando o adulterando alguno de sus mandamientos. Son iglesias donde están mezclados inconversos y conversos, eso no acabará bien.

La iglesia en Jerusalén tuvo una membresía separada (v. 42). Esta iglesia caminó en “la doctrina de los apóstoles y en la comunión UNOS CON OTROS”. Rompieron los lazos con la vida anterior. Vinieron a Jesús y fueron transformados (2 Corintios 5:17). Ningún hijo de Dios verdaderamente redimido tuvo problemas con las normas bíblicas de separación y santidad (Juan 14:15). Él quiere que Su pueblo sea diferente (2 Corintios 6:14-7:1).

La iglesia en Jerusalén tuvo una membresía firme (v. 42). ¡Eran fieles! ¡Se podía contar con ellos para estar en su lugar, haciendo su parte por el bien común y por la gloria de Dios! Dios espera que su pueblo sea fiel (1 Corintios 4:2).

La iglesia en Jerusalén tuvo una membresía en servicio (v. 44-45). Los miembros de esta iglesia se caracterizaron por no tener egoísmo. Los miembros se preocupaban por las necesidades de los demás e hicieron todo lo posible para satisfacer esas necesidades. Mostraron su amor, no en palabras, sino en acción (1 Juan 3:17-19; Filipenses 2:4).

TIENE LA METODOLOGÍA ADECUADA.

Los miembros adoraban juntos (v. 42, 46-47). Esta iglesia se reunía para orar, para recibir instrucción en la Palabra de Dios y para adorar. Su objetivo común era crecer en su fe y alabar al Señor que los redimió de sus pecados. (cf. Salmo 107:2; 113; Hebreos 13:15).

Los miembros trabajan juntos (44-45). Esta iglesia tenía como objetivo común el bien común. Trabajaban en beneficio del grupo. Dios no nos ha llamado a quedarnos sentados sin hacer nada, sino que nos ha llamado a ir a trabajar, y a trabajar juntos, para la gloria de Dios (cf. Efesios 2:10; Santiago 2:18).

Los miembros tenían comunión y convivían juntos (42-46). Esta iglesia disfrutaba de varias cosas que son diferentes, pero igualmente necesarias. Disfrutaban de la “comunión unos con otros”, y del “partimiento del pan y las oraciones”. Ellos no tenían comunión con pecadores, sino “unos con otros”, de los que estaban “perseverando”. Hoy en día muchos hermanos no toleran la ley de Cristo, y buscan iglesias donde se les tolere su pecado. Hay hermanos que están iglesias, siendo miembros de otra iglesia, y nadie ahí le dice nada. Hay hermanos que, estando cortados de comunión, se reúnen en alguna iglesia sin pudor alguno, y la iglesia tal los recibe sin empacho alguno. Bueno, eso no les lo que tienen iglesias de Cristo fieles. Iglesias de Cristo fieles no toleran el pecado de sus miembros, ni mucho menos reciben miembros de otras iglesias que están en pecado. Por eso, aunque la iglesia local no es un club social, pero pocas cosas crean un vínculo como el buen compañerismo cristiano. Pocas cosas contribuyen a la unidad de una iglesia como los miembros que se unen para servir al Señor como familia. ¡Estamos en el mismo equipo! ¡Estamos sirviendo al mismo Maestro! ¡Nos dirigimos al mismo Cielo! ¡Seguro que podemos caminar juntos mientras hacemos el viaje hasta allí! (Filipenses 1:27)

Los miembros testifican juntos (v. 47). Los miembros de la iglesia en Jerusalén no se avergonzaron de su mensaje, y todos trabajaron para difundirlo a un mundo perdido. El Señor aún desea que Su pueblo comparta Su mensaje con los perdidos (cf. Hechos 1:8; Marcos 16:15; Mateo 28:19-20).

 TIENE EL MAESTRO ADECUADO.     

Él es poderoso (v. 41, 43, 47). Esta iglesia era el tipo correcto de personas que llevaban a cabo el tipo correcto de ministerio. Así, disfrutaron del poder de Dios en medio de ellos. Él “agregaba” a su número diariamente. Él manifestó su poder a través de “prodigios y señales”. Hizo que la comunidad tomara nota de la obra de la iglesia (v. 43, 47). ¡Temían y respetaban a esta iglesia! ¡Su poder todavía está disponible para el tipo correcto de iglesia hoy!

Él es personal (v. 47). Cada uno adoraba a un Señor que los había redimido personalmente de sus pecados. Estaban en una relación personal con Él. Lo conocían y estaban consumidos de amor por Él, y ese amor impregnaba todo lo que hacían. Todo lo demás que hicieron fue el resultado de su amor por su Maestro. Debería ser lo mismo hoy (cf. Apocalipsis 2:1-7; Juan 13:35).

Conclusión.

¿Y bien? ¿Somos el tipo de iglesia que Dios diseñó? Si no lo somos, si no tenemos lo que una iglesia de Cristo tiene, entonces comencemos a trabajar para serlo. Cada uno haga lo que tiene que hacer. ¡Adelante!

[1] Jesús “quebrantaba el día de reposo” así como los sacerdotes en el templo (Mateo 12:5). Ellos eran “sin culpa”, y Jesús también, haciendo ambos la voluntad de Dios en semejante caso.

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