Arrepentimiento: una condición necesaria para la salvación.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Arrepentimiento: una condición necesaria para la salvación.

Hechos 3:19.

El arrepentimiento es una parte fundamental de los mandamientos de Dios para el hombre. Desde el Antiguo Testamento, vemos que el mensaje de los profetas, contenía un llamamiento al arrepentimiento. En Jeremías 25:5, se nos dice que los profetas, amonestaban al pueblo diciendo: “Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras” (Jeremías 25:5)

  • Mateo 3:2, Juan el Bautista dijo: “¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!”
  • Marcos 1:15, Jesús también llamaba al arrepentimiento, diciendo: “Arrepentíos y creed en el evangelio”.
  • Lucas 13:3. También dijo que, a menos que se arrepientan, todos perecerán igualmente.
  • Marcos 6:12, leemos que Jesús envió a sus discípulos a predicar el arrepentimiento.
  • Hechos 2:38. En aquel sermón que Pedro predicó el día de Pentecostés, incluyó el arrepentimiento como necesario para el perdón de los pecados.
  • Hechos 17:30, Pablo dijo que el arrepentimiento es un mandamiento de Dios para todos los hombres.
  • Apocalipsis 3:19, vemos que, la manera de evitar la reprensión y el castigo del Señor, es a través del arrepentimiento.

Todos los que estudian la Biblia están de acuerdo en que el arrepentimiento es fundamental en la predicación de la Palabra de Dios.

Sin embargo, a pesar de las frecuentes referencias bíblicas sobre el arrepentimiento, muchas personas lo malinterpretan, y aún más, lo descuidan. Muchas personas cometen pecados de inmoralidad, indiferencia, maltrato a los demás o errores doctrinales, pero nunca se arrepienten verdaderamente.

Así que, mientras meditamos en esta lección, debemos tener en cuenta que, el arrepentimiento es necesario para todos los hombres, sean cristianos o no.

EL SIGNIFICADO DEL ARREPENTIMIENTO.

El arrepentimiento es un cambio de mentalidad.

El mensaje básico de la Biblia es el cambio. Para ser perdonados de nuestros pecados, es necesario cambiar. Para agradar a Dios necesitamos cambiar. Para recibir la vida eterna necesitamos cambiar. Este énfasis en el cambio se encuentra en la palabra “arrepentirse”.

La palabra “arrepentimiento”, se compone de las palabras “meta” y “nous”. Meta, significa “cambio”, como en “metamorfosis” (cambio de forma). Y la palabra “nous” significa “mente”. El arrepentimiento es un cambio de mente, un cambio en la manera de pensar, que da como resultado un cambio de vida.

El arrepentimiento es “un cambio de mentalidad” – Cuando nos arrepentimos, cambiamos una decisión por otra, una elección por otra, una determinación del corazón por otro. Es un ejercicio deliberado de la voluntad, en el que determinamos actuar de manera diferente en nuestro futuro próximo. Todo lo que pensamos ahora, o todo lo que hemos estado haciendo hasta ahora, será cosa del pasado, y debemos tomar un rumbo diferente, o incluso, contrario al que hasta este día hemos tenido. El cambio de mente, es decir, el arrepentimiento hace posible tales cambios.

Consideremos algunos ejemplos de personas que se arrepintieron.

Jonás 3:4-10. Cuando Jonás predicó, la gente de Nínive prestó atención, y así, se arrepintieron. La RV1960 dice que se convirtieron de su mal camino. La Versión Moderna dice que “se volvieron de su camino malo”. La palabra hebrea es “shub”, que significa “volverse” o “dar vuelta”. Estas expresiones son comunes en el Antiguo Testamento. En Jeremías 3:12, dice, “Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo”. Entonces, cuando la Biblia dice que la gente de Nínive se “convirtió de su mal camino”, o se “volvió de su mal camino”, lo que significa es que se arrepintieron. En Mateo 12:41, dice, Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar”. Entonces, cualquier cosa que ellos estuvieron haciendo en contra de la voluntad de Dios, simple y sencillamente determinaron ya no hacerla más.

Mateo 21:28-32. Un hijo se negó a trabajar para su padre, pero luego, arrepentido fue e hizo lo que el padre le había mandado. Él cambió de opinión es evidente.

El arrepentimiento nos debe alejar del pecado.

El cambio de mentalidad requerido por el evangelio es el arrepentimiento del pecado. Esto implica cambiar de opinión acerca del pecado, y tomar la decisión de dejar de practicar el pecado.

Este arrepentimiento debe ser predicado a todos los que no son hijos de Dios, y así obtengan el perdón de sus pecados (Lucas 24:47).

Este arrepentimiento debe también ser enseñado a los cristianos que pecan, y así dejen la maldad de su pecado (Hechos 8:22)

El arrepentimiento es la decisión de dejar de pecar y comenzar a servir a Dios.

La iglesia en Éfeso fue exhortada al arrepentimiento (Apocalipsis 2:5). Ella debía hacer memoria de la comunión que antes tenía con Dios. De la gran bendición de su salvación, de su perdón, y arrepentirse de su caída en el pecado. Ella debía volver a hacer las primeras obras, y servir así al Señor sin ningún impedimento.

Mis hermanos, mientras estamos en cualquier pecado que torpemente no queremos abandonar, nunca podremos servir a Dios, ni mucho menos esperar su protección.

¿QUÉ COSAS NOS AYUDAN A ARREPENTIRNOS?

Antes de que la gente pueda arrepentirse verdaderamente, primero deben ocurrir otras cosas. A veces, las personas malinterpretan o no practican el arrepentimiento porque entienden mal o no practican las cosas que deben precederlo.

Uno debe escuchar y creer en la voluntad de Dios.

Jesús mandó que se predicase el arrepentimiento y el perdón de pecados a todos los hombres. Esto lo quiso así, porque los hombres no pueden saber que necesitan arrepentirse a menos que se les diga que necesitan arrepentirse (Lucas 24:47)

En 2 Reyes 17:13, vemos que Dios envió repetidamente profetas para llamar al pueblo al arrepentimiento. De hecho, cada profeta del Antiguo Testamento que usted pueda recordar, entregaba básicamente el mismo mensaje de arrepentimiento.

Hoy en día, muchas personas a veces se cansan de escuchar a los predicadores reprender el pecado y llamar al arrepentimiento. Pero, si usted lee la Biblia con detenimiento, el plan de Dios es que los predicadores, tanto del antiguo como del Nuevo Testamento, llamen a las personas al arrepentimiento. Dios quiere que los hombres sean advertidos de las consecuencias de sus pecados y se arrepientan.

Por eso, aunque usted se sienta incómoda cuando es llamada al arrepentimiento, jamás piense que se le exhorta a ello por descortesía o crueldad. No se le llama al arrepentimiento por maldad. Por el contrario, el llamado al arrepentimiento es un acto de benignidad, paciencia y longanimidad. Dice Romanos 2:4-5, “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”.

Mis hermanos, quienes predicamos llamamos al arrepentimiento por necesidad, por nuestra propia salvación.

Lo hacemos, porque no somos falsos profetas (Ezequiel 13:22). Los falsos profetas animan a las personas a continuar en el pecado al no decirles que deben volverse (arrepentirse) de sus malos caminos. Cuando las personas pecan, los predicadores fieles no deben dejar que sigan pensando que son aceptables ante Dios.

Lo hacemos para evitar el juicio de Dios (Ezequiel 33:7-9, 14-16). Si los predicadores no advertimos a la gente de sus pecados y la gente se pierda por nuestra negligencia, Dios nos hará responsables de sus almas.

Las personas en pecado necesitan escuchar exactamente lo que dice la palabra de Dios. No decir la verdad no le hace ningún favor a nadie. Por eso, cuando Pablo enseñaba, lo hacía “públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Fue después de su conversión que Pablo, anunció “primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20). Por eso, hermano, si a la luz de la Biblia se le exhorta al arrepentimiento, haga lo que dice Santiago. Deseche toda inmundicia y abundancia de malicia, y reciba con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar su alma (Santiago 1:21).

¿Qué otra cosa nos ayuda al arrepentimiento?

Uno debe reconocer su pecado.

Cuando las personas honestas escuchan la verdad, se convencen de pecado, y así se arrepienten.

El camino que tomó David para su arrepentimiento, fue que finalmente reconoció su pecado. Él dijo en el Salmo 38:18, “Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado”. (cfr. Proverbios 28:13).

Lamentablemente, a veces tomamos la mala actitud que tomaron los judíos en los días de Malaquías, los cuales no querían aceptar su pecado y arrepentirse. Dice Malaquías 3:7, “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?”.

Por eso, para que una persona cambie su vida, primero debe decidir cambiar, es decir, debe “arrepentirse”, y para poder arrepentirse, primero debe reconocer su pecado. Mientras una persona defienda su estilo de vida pecaminoso, y se niegue a admitir su error, entonces jamás podría arrepentirse, jamás podrá hacer la voluntad de Dios.

El salmista dijo, Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado (Salmo 32:5)

¿Qué otra cosa nos ayuda a arrepentirnos?

Uno debe sentir pena por sus pecados.

Admitir que uno ha pecado no es suficiente. Algunas personas saben que han pecado, pero no les importa, no sienten pena o vergüenza por su pecado.

Leamos otra vez lo que dijo David sobre su pecado: “Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado (Salmo 38:18). No solo reconoció su pecado; también se contristó por haber ofendido a Dios con ello.

Por medio del profeta Joel, Dios llamó al arrepentimiento, y a sentir pena por el pecado. En Joel 2:12, 13, dice: Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. El arrepentimiento es producto de un dolor sincero por haber ofendido a Dios.

¿Qué fue lo que sintieron aquellos que participaron en la crucifixión de Cristo? Dice Hechos 2:37: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Es así que fueron llamados al “arrepentimiento” (v. 38).

Una persona puede admitir que hizo mal e incluso dejar de cometer el pecado, pero eso no prueba que esté arrepentido de su pecado. Hay personas que incluso creen que están justificadas por cierto pecado debido a las circunstancias. Escuché un caso de un hombre y una mujer que estaban cometiendo fornicación, estando uno de ellos casado. Al tiempo, el casado quedó viudo, y ellos finalmente se casaron, creyendo que así no había necesidad de arrepentirse por el pecado cometido antes de la viudez y su matrimonio. Si usted comete un robo, con la expectativa de pagar por lo robado en el futuro, eso no significa que usted esté arrepentido. Tal idea es un engaño.

Para ser salvos, uno debe arrepentirse bíblicamente. Pero nunca nos arrepentiremos bíblicamente hasta que no reconozcamos nuestro pecado y sintamos vergüenza y dolor por haber ofendido a nuestro Dios. El rey David dijo, “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmo 51:4)

La importancia del arrepentimiento

También es posible que una persona sepa que está equivocada y se arrepienta sin realmente decidirse a cambiar. Algunas personas tienen la idea de que el arrepentimiento solo significa lamentarse; si simplemente admiten que se equivocaron y dicen que lo lamentan, y así, todo es perdonado. Sin embargo, el arrepentimiento es una decisión de cambio. ¿Por qué es esto importante?

El arrepentimiento es esencial para desarrollar actitudes adecuadas.

Nunca podremos agradar a Dios hasta que desarrollemos un estado mental apropiado.

Proverbios 4:23 – Mantén tu corazón con diligencia porque de él mana la vida. La gente hace el mal porque eligió hacer el mal. Para comenzar a hacer lo correcto, deben cambiar de opinión y decidir hacer lo correcto: arrepentirse.

La mente es donde decidimos lo que haremos. Por eso nuestro estado de ánimo es tan importante.

Romanos 6:17, 18. El que es siervo del pecado necesita ser liberado del pecado y convertirse en siervo de la justicia. Para hacer esto, debe obedecer a Dios “de corazón”. No puede obedecer de corazón hasta que hayas decidido en su corazón obedecer. Esa decisión de hacer el bien es el arrepentimiento.

Joel 2:12, 13. El arrepentimiento debe involucrar el corazón. Nunca podremos agradar a Dios hasta que nuestro corazón esté bien. Eso sucede por el arrepentimiento. Cuando la gente sabe lo que Dios quiere, pero no lo hace, carece de arrepentimiento. (También pueden carecer de fe, amor, etc., pero una cosa que definitivamente les falta es el arrepentimiento).

El arrepentimiento es esencial para recibir el perdón de Dios.

2 Pedro 3:9. Dios no quiere que los hombres perezcan, sino que quiere que todos lleguen al arrepentimiento. ¡La alternativa es la perdición! [Lucas 13:3, 5]

Hechos 2:38. Arrepiéntete y bautízate para la remisión de los pecados.

Ezequiel 18:21-23, 27, 28, 30-32. Los hombres inicuos deben apartarse del mal y hacer lo correcto o morirán (espiritualmente). Dios no quiere que muramos. Está dispuesto a perdonar, pero primero debemos estar dispuestos a cambiar. Antes de que podamos cambiar, debemos decidir cambiar, eso es arrepentimiento.

El evangelio enfatiza el arrepentimiento porque el arrepentimiento es esencial para cambiar nuestras actitudes y nuestra vida. Hasta que estemos dispuestos a cambiar nuestras vidas, ¡Dios no estará dispuesto a perdonar nuestros pecados!

Si ha pecado, debe admitir el pecado y arrepentirse. Entonces debes decidir cambiar. ¿Lo ha hecho o está esperando que todo se olvide porque dijo que lo lamentaba? ¡El perdón viene solo después de la decisión de cambiar!

COSAS QUE DEBEN SEGUIR AL ARREPENTIMIENTO.

Algunos piensan que es suficiente con decidir cambiar. Eso constituye arrepentimiento, pero algo más debe seguir al arrepentimiento.

Después del arrepentimiento, uno debe cumplir con otras condiciones para el perdón.

Las condiciones dependen de si uno ha sido bautizado o no.

Después de arrepentirse, el que no es hijo de Dios debe ser bautizado.

Hechos 2:38. Algunas personas no se dan cuenta de que la Biblia enseña que el bautismo es esencial. ¡Estas personas no están mostrando un verdadero arrepentimiento! Recuerde, el arrepentimiento es una decisión de hacer lo que dice la palabra de Dios. Cuando una persona ve lo que dice la palabra de Dios, pero no lo hace, esa persona no está mostrando un verdadero arrepentimiento.

Cuando una persona se niega a ser bautizada, su problema principal no es el bautismo: ¡es su fe o su arrepentimiento! Si cree la verdad, sabrá que debe arrepentirse y ser bautizado. Si luego se arrepiente de verdad, ¡no podrás mantenerlo alejado del agua!

Un hijo de Dios que peca debe orar por perdón.

A veces, los hijos de Dios pecan después de haber sido bautizados. No necesitan ser bautizados de nuevo, pero sí necesitan arrepentirse de nuevo.

En Hechos 8:22, se le dijo a Simón que se arrepintiera y orara para que su pecado fuera perdonado. El cristiano que peca necesita arrepentirse y orar [1 Juan 1:9; Mateo 6:12]

Si alguien ha hecho daño a otras personas, también debe aceptar su pecado y pedirles perdón (Mateo 5:23, 24). Si el pecado es conocido y ha tenido una mala influencia en la congregación o ha obstaculizado el esfuerzo de la iglesia, entonces toda la iglesia necesita que se le diga que la persona se ha arrepentido.

Entonces uno debe cambiar su conducta: dejar de practicar el pecado.

El arrepentimiento es una decisión de cambio. Después de recibir el perdón, uno debe seguir adelante y hacer los cambios que decidió hacer (Hechos 26:20; Ezequiel 18:21-32; Mateo 28:28-31).

Aquí es donde fallan muchos miembros de la iglesia. Profesan que quieren el perdón, luego se bautizan u oran pidiendo perdón, pero nunca cambian. Quieren perdón, pero no quieren cambiar.

También hay que hacer restitución.

Los frutos del arrepentimiento requieren más que simplemente decidir hacer lo correcto “la próxima vez” o “nunca volver a hacer eso”. En la medida de lo posible, debemos intentar retroceder y corregir los efectos dañinos de nuestros pecados en otras personas.

Por ejemplo, el inicuo no solo debe andar en los estatutos de Dios, sino también devolver lo que robó (Ezequiel 33:14, 15; cfr. Éxodo 22:1-15; Levítico 6:1-5; Números 5:5-8; 2 Samuel 12:6).

Lucas 19:8. Zaqueo había sido publicano. Cuando se convirtió, decidió devolver los impuestos cobrados indebidamente.

Este puede ser un principio difícil de aplicar porque a veces el efecto de un pecado no se puede deshacer (por ejemplo, el asesinato). Pero es un principio bíblico y debe cumplirse en la medida de lo posible.

CONCLUSIÓN.

Lucas 15:17-24. La historia del hijo pródigo ilustra todos los principios que hemos estudiado. El hijo menor desperdició su herencia en una vida desenfrenada (v. 13, 30). Llegó a tener necesidad y “volvió en sí” (v. 14-17). La historia no usa la palabra “arrepentirse”, pero las historias paralelas sí lo hacen en los v 7, 10.

  • Reconoció su error, él dijo, “He pecado” (v. 18)
  • Su pena o dolor por su pecado, se expresó en el hecho de no creerse digno de ser llamado “hijo” (v. 19)
  • Decidió volver a casa con su padre (v. 18, 19). Esta decisión es arrepentimiento, se volvió de su mal camino.
  • Cumplió las condiciones del perdón, al confesar su pecado al padre (v. 20, 21).
  • Dejó la práctica del pecado (v. 20, 21).
  • Ofreció la restitución, al ofrecerse como siervo al Padre, y no ser ya más su hijo (v. 19, 21)

Mis hermanos, el evangelio es un mensaje de cambio. Por tanto, los pecadores pueden cambiar. Y más, cuando sabemos que el padre celestial, está esperando por nuestro arrepentimiento, está esperando que volvamos a él, está esperando que volvamos a casa. ¿Lo hará usted?

Una respuesta

  1. Leonardo Vega M. 19 de noviembre de 2021

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