Las tres muertes.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

Las tres muertes.

(Rut 1:1-7). El libro de Rut ha sido llamado «la obra literaria más grande jamás escrita«. Otro escritor llamó a la historia de Rut, «la Cenicienta de la Biblia«. Es la historia de cómo una joven pagana llamada Rut llegó a ser parte del pueblo de Israel. En los 85 versículos que componen el libro de Rut, vemos a esta joven mujer perseguida por la gracia y sacada de su miserable condición. Esta es una historia de redención, de amor, de gracia y de esperanza. Es una historia con la que debemos familiarizarnos a un nivel muy íntimo.

En estos primeros siete versículos de Rut se nos presenta a la familia de un hombre llamado Elimelec, quien vivió en la época de los jueces (v. 1). Es la triste historia de un hombre que elige tomar una dirección distinta al plan de Dios, y como resultado de su decisión, él y su familia pagan un precio tremendamente alto.

Se nos dice que Elimelec lleva a su familia a un lugar llamado Moab. Tierra que estaba ubicada al otro lado del río Jordán, al este de la Tierra Prometida. Estaba habitada por personas que adoraban a dioses paganos. Los moabitas eran descendientes de un hombre llamado Moab, quien fuera el producto de una relación incestuosa entre Lot y una de sus hijas (cfr. Génesis 19:30-38).

Moab estaba compuesto por personas orgullosas, que se destacaban por su anarquía, inmoralidad y eran brutalmente violentos (cfr. Levítico 18:24-25; Deuteronomio 9:4-5; Isaías 16:6; Salmos 60:8)

Ellos atacaron y se opusieron a Israel, buscando destruir al pueblo de Dios durante los vagabundeos de Israel por el desierto (Números 23-25; Deuteronomio 23:3-6). Moab era un pueblo opuesto a Dios y sus caminos. En el Salmo 60:8, Dios dice, “Moab, vasija para lavarme, indicando el desprecio que tenía Dios por esta tierra. Dios dice que no son nada y que serán reducidos a la forma más baja de esclavitud. Sin embargo, y a pesar de todo ello, eran personas que podrían haber sido salvas si se hubieren arrepentido de sus pecados, exactamente como lo hizo Rut.

Pues bien, es a esta nación despreciada y malvada a la que Elimelec traslada a su familia. En esta acción vemos al tipo de persona que voluntariamente da la espalda a las cosas de Dios y paga un alto precio por ello. Si esta sección de las Escrituras nos enseña algo, nos enseña que vivir en una condición descarriada conlleva consecuencias devastadoras, mientras que, el arrepentimiento y la restauración son siempre una posibilidad mientras tenemos vida. Con esta información en mente, meditemos en este pasaje mientras les predico sobre, “las tres tumbas”.

LAS TRES MUERTES SON PRECEDIDAS POR TRES HAMBRUNAS (v. 1a)

Una hambruna material. El versículo 1 describe la situación que Elimelec y su familia enfrentaron al decirnos que había «hambre en la tierra». Una hambruna es una escasez prolongada. Es una época en la que los alimentos escasean. Si bien había escasez de alimentos en la tierra en ese momento, no fue la única hambruna que enfrentó el pueblo de Israel.

Una hambruna moral. El versículo 1 nos dice que esta historia tiene lugar durante el tiempo de los Jueces. La actitud de la gente durante esos días se resume en el último versículo del libro de Jueces: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25). Ese periodo puede describirse mejor como una época de turbulencia y agitación social. Fueron días marcados por la anarquía, la idolatría, la religión falsa, el robo, la embriaguez, la homosexualidad, la perversión sexual, la violencia, la división nacional, la guerra civil y la incredulidad extrema. Que, por cierto, fueron días que no son muy diferentes de los días en los que nos encontramos. Por supuesto, cuando el hombre «hace lo que bien le parece», ¿qué más debemos esperar?

Una hambruna espiritual. Desde luego, ante tales circunstancias, es razonable pensar que la necesidad espiritual de los hombres en tales circunstancias es grande. De hecho, estas cosas reflejan la gran necesidad que tienen de Dios.

A menudo, en el periodo del Antiguo Testamento, Dios usó la hambruna como una herramienta de disciplina. Cuando su pueblo se alejaba de él, él se acercaba a ellos para llamarlos de regreso, provocando una gran hambre en la tierra (cfr. Deuteronomio 11:16-17; 2 Crónicas 7:13-14).

A menudo, a medida que pasamos por esta vida, Dios también permitirá estas experiencias de hambruna para nosotros. Puede tomar la forma de una hambruna financiera. Puede tomar el lugar de una hambruna física donde la salud y el bienestar se vuelven esquivos. Puede haber una hambruna espiritual cuando los cielos se vuelven bronce y el Señor parece estar muy lejos. Cualquiera que sea la forma que adopte, es una hambruna en la vida. La intención de Dios durante esos momentos, no es alejarnos de él, sino acercarnos más a él. El Señor dijo en Apocalipsis 3:19, “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.

Otra razón por la cual permite esas hambrunas en la vida, es que trata de perfeccionarnos. Esto lo vemos claramente en la vida de Pablo. Cuando él estaba experimentando un grave problema de salud, rogó al Señor tres veces para que quitara eso de él. ¿Qué respondió el Señor? En 2 Corintios 12:9, leemos, “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”. Dios permite hambrunas en nuestra vida para perfeccionarnos.

Lo que hagamos en esos tiempos de hambruna, dará como resultado una bendición o en una maldición para nosotros. Hay hermanos que, si se hace presente el pecado en su vida, o si se hace presente algún problema, o si se hace presente alguna crisis, alguna pérdida, toman una dirección diferente al camino de Dios, provocando una gran devastación para ellos y para muchos otros que son afectados con su mala decisión. ¿Qué hacer en esos días de hambrunas? Lo mismo que se hace cuando estamos enfermos: ir al médico. ¿Qué se hace cuando tenemos hambre? Buscamos alimento y comemos, ¿no es verdad? De la misma manera, cuando vienen días de hambrunas espirituales, debemos buscar y alimentarnos de Dios.

LAS TRES MUERTES SON PRECEDIDAS POR OPCIONES PELIGROSAS (v. 1b-2).

Como veremos en estos versículos, Elimelec no respondió correctamente a lo que el Señor estaba haciendo en su vida. Notemos los tres errores que él y su familia cometieron durante estos tiempos de hambruna.

Eligió dejar la tierra prometida. El versículo 1, no nos dice que este hombre tomó la decisión de dejar la tierra de “Belén de Judá” para ir a “Moab”. El nombre “Belén” significa “Casa de pan”, y el nombre “Judá”, significa “celebrar”. Lamentablemente, estos dos lugares, en ese momento, no hacían honor a su nombre. No había pan en la “casa de pan”, y entonces, para muchos no había razón para “celebrar”. Sin embargo, aunque dichos lugares geográficos no estuvieron a la altura de sus nombres, lamentablemente tampoco lo estaba Elimelec. El nombre “Elimelec” significa “Mi Dios es Rey”. ¿Lo ven? Si él hubiese hecho honor a su nombre, habría sabido que, con Dios, los tiempos de hambruna no duran para siempre. Habría sabido que Dios se ocupa de su pueblo. Allí está el ejemplo de su pariente “Booz”, quien, a pesar de la hambruna, se quedó en Belén y no leemos que le haya ido mal (Rut 2:1). No obstante, Elimelec decidió dejar su herencia en la tierra prometida y dirigirse a una tierra que Dios no había bendecido.

Mis hermanos, esta es una historia que se repite innumerables veces en la familia de Dios. En este contexto tenemos a una persona que se llama “cristiano”, nombre que significa, “propiedad de Cristo”. Sin embargo, cuando llega una hambruna a su vida, deciden tomar un camino diferente al de Dios.  Tal vez las cosas no salieron como esperaban. Tal vez surgió una prueba en su vida que no quisieron sobrellevar. Tal vez se presentó una crisis financiera por la que colocaron a Dios en segundo lugar en su vida. O simplemente llegaron a amar al mundo más de lo que amaron al Señor. Cualquiera que sea la razón, eligieron salir de la tierra donde estaba la bendición de Dios para caminar en el mundo, donde pretenden encontrar lo que, desde su perspectiva, no encontraron en Dios. Decidieron fabricar su propio camino para vivir conforme a sus propios términos. En una sola palabra eso se llama “retroceso”. ¿Cuántos se encuentran ahora mismo en Moab y no más en Belén de Judá? Sé que pueden tener muy buenos motivos para migrar hacia esa tierra maldita, pero siempre, a pesar de todo, siempre será la peor dedición que jamás tomarán en su vida.

Eligió vivir en una tierra contaminada (v. 1). Dejar Belén de Judea para ir a Moab, es una acción contraria a la palabra de Dios. En Josué 23:7, 12, Dios les había indicado que no se “mezclaran” con esas naciones. Sin embargo, Elimelec escogió el camino prohibido en lugar de contentarse con la tierra de Dios. Dejar esa herencia equivalía a negar la fe en Jehová. Fue un cambio total de la voluntad de Dios al mundo. Esto equivalía apartarse totalmente de la casa de Dios. Ya no podrían adorar en el templo, no podrían traer sus ofrendas, no podrían guardar las fiestas que ordenada la ley. Estaban totalmente aislados de todo lo que representaba a Dios. No solo eso, al mudar a su familia a Moab, Elimelec expuso a su familia a males que habrían evitado si se hubieran quedado en Israel. Por ejemplo, ambos muchachos se casaron con mujeres paganas, lo cual era prohibido por Dios. Estos hombres violaron la voluntad de Dios al mezclarse con personas paganas, mezclando el linaje santo con linajes paganos (cfr. Esdras 9:1-2; Nehemías 13:23).

Nuevamente, ¿cuántas veces vemos repetirse lo mismo en la vida de aquellos que se llaman a sí mismos hijos de Dios? Cuando un creyente se aleja de las cosas del Señor, no es posible que sirva al Señor como debería. Mi hermano, ¡no hay manera de estar bien con el Señor mientras estamos separados de las cosas de Dios! Cuando su casa, su palabra, su obra, su adoración y su voluntad no son prioridades en su vida, no es posible servirle. ¡No importa lo que diga su boca, su vida dice que está lejos del Señor! El creyente que se aleja de las cosas del Señor está diciendo: «Dios no fue tan bueno conmigo como pensé que debería ser. Él no es digno de mi amor y devoción.» Por eso, esa es una elección que siempre lleva hacia abajo. Si se aleja de Dios, ¡se encontrará haciendo cosas que nunca creyó posibles! Se verá involucrado en relaciones incorrectas y actividades mundanas. Es algo peligroso elegir el mundo.

Eligió quedarse en una tierra empobrecida (v. 2). Esta familia fue a Moab y allí se quedó. Ellos allí hicieron su habitación. Mis hermanos, Elimelec y su familia no solo entraron a Moab, sino que Moab se metió en ellos. Quién sabe hasta qué punto cayó esta familia en el pecado y la sociedad de Moab. Estoy seguro de que cuando se fueron, se dijeron que sería por poco tiempo. Pero los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Antes de que se dieran cuenta, habían pasado 10 años (v. 4). Con cada año estaban más lejos del Señor de lo que jamás se hubieran imaginado.

Esto nos muestra cuán engañoso puede ser el pecado. Es así que hay creyentes que en este momento tienen a Moab en su corazón y ni siquiera pueden verlo. Por alguna razón han decidido que Dios y su plan para su vida no les conviene. Otros tal vez están luchando con algo que Dios ha permitido en sus vidas y que no es para nada de su agrado. Pero, cualquiera que sea la razón, están lejos de Dios. Probablemente nunca pensaron que llegarían tan lejos como lo han hecho, o quizás nunca pensaron están tanto tiempo sin Dios y sin esperanza en este mundo.

El camino a Moab es muy sutil. Alguien se ofende en la iglesia, o alguien sufre un poco de hambre espiritual, y entonces su corazón es puesto en Moab. Otros tal vez no se sienten ofendidos, pero sí se sienten impulsados a ir hacia Moab. Después de todo, en Moab se vislumbra un mejor futuro. Poco a poco van perdiendo el “hábito” de servir a Dios, poco a poco van perdiendo su celo por Dios. Poco a poco van perdiendo el gozo de servir a sus hermanos. Poco a poco van perdiendo el amor por Dios, y cuando menos lo piensan, están en Moab.

Antes de dejar este pensamiento atrás, quiero recordarles que ir a Moab no siempre implica un movimiento físico real. Hay personas que asisten a la iglesia con regularidad, que ofrendan, que llevan una vida limpia y moral, pero están en Moab. Tomen nota de esto: Moab, espiritualmente hablando, también tiene que ver con permitir que nuestra actitud se vuelva mala. Cuando nos volvemos críticos, rápidos para encontrar fallas en los demás, pero al mismo tiempo permanecemos ciegos a las fallas en nuestros propios corazones. Cuando usamos nuestra lengua como armas en lugar de herramientas de testimonio, hemos ido a Moab. Cuando guardamos rencor y mala voluntad hacia los demás, hemos ido a Moab. Cuando somos indiferentes a la obra de Dios, hemos ido a Moab. El caso es que, no todos los hijos pródigos salen físicamente de la casa del Padre, aunque están a millas de distancia espiritualmente. Su corazón está lejos de Dios.

Si esto que estoy diciendo ha descrito en alguna forma su historia, no lo deseche por ser yo quien se lo diga. No es mi intención poner sal en su herida. Mi objetivo como predicador de Cristo es solamente transmitir el mensaje que Dios tiene para usted. Él quiere que regrese a la “casa de pan”, a ese lugar de “gratitud”, de “alabanza”. Y a veces, para regresar, es necesario que nos enfrentemos a nuestra triste realidad, a nuestros pecados, a nuestra rebeldía, y entonces, recapacitar, volver en sí y recapacitar.

LAS TRES MUERTES (v. 3-5).

El pecado siempre conlleva duras consecuencias. Este fue el caso en la vida de Elimelec y su familia también.

Fueron precedidas por advertencias (v. 2). Antes de que Elimelec llevara a su familia para mudarse a Moab, es probable que, en su corazón, ya se hubieran alejado de Dios. Mis hermanos, nadie se despierta una mañana y decide dejarse a Dios. Es un proceso lento y sutil que se desarrolla hasta que el creyente se ha alejado más del Señor de lo que jamás hubiera anticipado.

La razón por la que creo que en dicha hogar Dios había dado advertencias, radica precisamente en los nombres de los hijos de Elimelec. Dice el texto que se llamaban “Mahlón y Quelión”. El nombre “Mahlón” significa exactamente lo que suena a nuestros oídos. Significa “enfermo”. Mientras que, “Quelión” significa “moribundo”. Puede ser que estos dos muchachos fueron víctimas de las circunstancias, pero, yo veo en todo esto la providencia misma de Dios. Creo que Dios estaba tratando de llamar la atención de Elimelec mucho antes de que se fuera a Moab.  

Mis hermanos, él hará lo mismo en su vida también. Cuando un espíritu descarriado comience a manifestarse en tu vida, Dios comenzará el proceso de hablarle a su corazón. Las Escrituras que han sido sembradas en nuestro corazón comenzarán a oírse como un suave silbido, o a través de la amonestación de otro hermano, o lo hará de alguna otra manera, pero siempre sucederá que él tome cartas en el asunto para llamar nuestra atención. Jesús dijo, “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19).

La muerte se hizo presente (v. 3-5). A pesar de su relación con el Señor, a pesar de las bendiciones de Dios, a pesar de la intervención del Señor en su familia, Elimelec se mudó a Moab. ¡Lo que era una realidad en su corazón se convirtió en una realidad en su vida! Después de estar allí por algún tiempo, murió. Después de un tiempo, sus hijos también murieron. En mi opinión, Dios usó la forma suprema de disciplina en la vida de Elimelec y su familia para traer al resto de la familia de regreso a Dios. La hambruna en Belén fue un llamado al arrepentimiento. Esos hijos enfermos fueron un llamado al arrepentimiento. Dios le dio a esta familia diez años de tiempo, pero el tiempo finalmente se acabó y pagaron el precio máximo por su desobediencia.

Es triste, pero también es cierto, ¡Dios usará cualquier medio que considere necesario para llevarnos a casa de nuevo! Si usted es salvo, no huirás de Él para siempre. Él disciplinará su vida y si no se arrepiente, entonces tenga por seguro que tomará medidas mucho más drásticas.

Hubo derrota en ese hogar (v. 5). Noemí y sus dos nueras quedaron desoladas.

LAS TRES MUERTES EXHORTAN A UN REGRESO (v. 6-7).

Estos dos últimos versículos de nuestro texto de esta mañana nos ayudarán a dejar este mensaje con un poco de esperanza. De la muerte y la derrota podemos vislumbrar la vida y la victoria en las acciones de Noemí.

Era tiempo para volver a casa (v. 6). De alguna manera u otra, Noemí escuchó que el Señor nuevamente estaba bendiciendo a Su pueblo. Aunque, en realidad, Dios siempre estuvo bendiciendo a su pueblo. ¿Acaso la disciplina de Dios no es una bendición? El castigo y la reprensión del Señor son una expresión de su amor por su pueblo. Cuando Noemí escuchó la buena noticia, recordó lo que era estar en comunión con Dios. Recordó lo que era estar cerca de la casa de Dios. Recordó la adoración al Señor. Esto mismo fue lo que experimentó el hijo pródigo, “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” (Lucas 15:17). Este despertar se experimenta hasta que hemos tocado fondo. Sin embargo, no tenemos por qué estar allí. Mejor, aprendamos la lección, y viendo lo que experimentó la familia de Elimelec, evitemos estar en esas mismas circunstancias.

Un tiempo de arrepentimiento (v. 6-7). La Biblia dice que Noemí “se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab” (v. 6), y así, dice el verso 7 que “Salió… del lugar donde había estado”. Noemí se levantó y dejó atrás Moab. Ella experimentó un cambio de corazón que dio como resultado un cambio de acción. Ella es una imagen de alguien que se arrepiente para regresar a Dios.

Noemí se levantó y siguió su camino para regresar a la tierra de Judá. Ella se dirigía de regreso a la tierra de «Alabanza«. ¡Estaba volviendo a donde debería haber estado todo el tiempo! ¡Se iba a casa! (v. 7)

Conclusión. Cuando Noemí fue a Moab, por su propio testimonio, se fue “llena” (v. 21), pero cuando regresó a Belén, regresó “vacía”. Todas sus esperanzas, todos sus sueños y toda su mañana se redujeron a tres lápidas en la tierra de Moab. Cuando dejó ese país, dejó todo lo que valoraba. 

Mis hermanos, entendamos esto. Cuando estemos yendo a Moab, tengamos presente que algo vamos a perder. Noemí dejó tres tumbas, ¿qué dejaremos nosotros si nos movemos a Moab? Tal vez perdamos nuestro testimonio. Tal vez perdamos nuestra inocencia. Tal vez perdamos nuestra salud. O la familia, o la vida misma. Sea lo que sea, cada día que pasamos en Moab, el costo será cada vez más alto. Por eso, si usted está en Moab, es mejor que regrese a casa lo más pronto posible, pues Dios puede salvar más ahora de lo que pueda salvar si usted se demora más allí. Regrese antes que las muertes ocurran.

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