No está a la venta.

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

No está a la venta.

(1 Reyes 21:1-4). En el texto bíblico leemos de un hombre que se negó a vender su granja. Este hombre se llama Nabot (que significa “fruto”). Vivía en Jezreel, y era dueño de una viña que estaba situada junto al palacio de verano de Acab rey de Samaria. En el verso 2, Acab dijo a Nabot, “Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero”. Esto, aparentemente parece una oferta razonable. Al parecer el rey tiene un gran interés por invertir algo de tiempo en la jardinería, y quiere este pedazo de tierra cerca de su palacio para construir un huerto. Sin embargo, Nabot rechazó la oferta del rey.

Hoy quiero enfocarme en la negativa de Nabot. Quiero que pensemos en las razones por las cuales Nabot no quiso vender su viña al rey Acab. Quiero hablar sobre lo que este pasaje tiene para nosotros hoy. Pero, ¿por qué es importante para nosotros esta historia? Bueno, porque hay personas en nuestro mundo que intentan quitarnos lo que el Señor nos ha dado. Por eso, cuando vengan a nosotros con sus planes o sus ideas, debemos decir, “No está a la venta”.

NABOT SE NEGÓ A VENDER POR CAUSA DE LA PALABRA DE DIOS.

Como dije hace un momento, la oferta del rey parece bastante razonable. Él le dijo: “te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero” (v. 2). Sin embargo, Nabot se negó, porque tuvo en consideración la voluntad de Dios. Nabot dijo, según la Nueva Biblia al Día, “Eso jamás sucederá, pues el SEÑOR me prohíbe venderle la propiedad”.

En Números 36:7, dice que “cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres”. Además de eso, Ezequiel 46:18, dice, “Y el príncipe no tomará nada de la herencia del pueblo, para no defraudarlos de su posesión; de lo que él posee dará herencia a sus hijos, a fin de que ninguno de mi pueblo sea echado de su posesión. La postura de Nabot era totalmente justa.

Nabot sencillamente le está diciendo que, sus posesiones, no son para venderlas. Nabot está diciendo, basado en las Escrituras, que lo que él tenía era don de Dios. Él solamente era un administrador de todo ello. Era su responsabilidad mantener aquella tierra en la familia y pasarla de generación en generación.

Mis hermanos, necesitamos hacer un inventario de todos los grandes dones que el Señor nos ha dado. Hemos recibido la salvación, tenemos el honor de participar en la adoración, tenemos las Escrituras, tenemos nuestra herencia celestial, etc. Bueno, necesitamos recordar que tales cosas nos han sido dadas para cuidar de ellas. De hecho, esos dones debemos trasmitirlos a otros. Si hoy lo tenemos, fue porque alguien lo cuidó y lo trasmitió a nosotros, y así, nosotros debemos hacer lo mismo.

NABOT SE NEGÓ A VENDER POR CAUSA DE SUS PADRES.

Nabot indicó que dicha propiedad, era “la heredad de mis padres” (v. 3). Los padres de Nabot le habían pasado esta herencia, y un día él se uniría a ellos para pasar esa herencia a la siguiente generación. Si vendiera la granja, no habría nada que transmitir. Además, si él tenía otra propiedad, sería devuelta al dueño original en el año del Jubileo (Levítico 25:13). De hecho, cualquier tierra que Nabot comprara volvería a la familia original en el jubileo. Por tanto, si vendía lo que tenía, Nabot se quedaría sin nada. Su herencia había sido transmitida por la voluntad de los padres durante siglos y se negó a vender lo que le habían confiado para que lo pasara a otros. Por lo tanto, dijo: «No está a la venta«.

Si vendemos nuestra herencia, no tendremos nada que transmitir a otros. Consideremos lo que se nos ha confiado proteger y transmitir.

Considere, por ejemplo, la salvación. Hoy en día se están predicando diversos planes de salvación diferentes.

  • Por un lado, están aquellos que mutilan el plan de salvación, quitando algún elemento esencial de él: como la fe, con el bautismo de niños. O el bautismo, como enseñan los movimientos evangélicos.
  • Por otro lado, están aquellos que adulteran el pan de salvación, añadiendo elementos circunstanciales como si fuesen elementales. Por ejemplo, y aunque es verdad que en Marcos 16:16 se implica y es del todo necesario un bautizador, lo que no se incluye como elemento esencial es la calidad espiritual de dicho bautizador, como si nuestra salvación dependiera de su condición espiritual. Y aunque es verdad que, en el Nuevo Testamento, ordinariamente hablando era un cristiano el que bautizaba, no ha sido así a través de toda la historia, porque a través de toda la historia no han faltado los apóstatas, los Diótrefes, los que predican a Cristo por envidia y por contienda, los corintios, los gálatas, los laodicenses, los detractores, etc. Si este evangelio adulterado fuese verdadero, entonces hoy en día nadie, absolutamente nadie sería cristiano.

Por tanto, no debemos permitir que nos perturben todos esos evangelios humanos que hoy en día existen a nuestro alrededor y que arrastrarán a muchos a la perdición. Dios conoce, y nos ha dejado en su palabra un solo plan de salvación, diciendo que el pecador debe oír acerca de Jesús y su obra, y así éste pueda creer de todo corazón que Cristo es el Hijo de Dios, arrepentirse de sus pecados y ser bautizado para el perdón de sus pecados, y así perseverar fiel hasta la muerte. Pero cuando alguien pretenda cambiar el evangelio, dígales, no Señor, no está a la venta. No importa lo que haga, no está a la venta. Los mutiladores del evangelio se burlan de nosotros, así como aquellos que lo adulteran, pero, aunque se burlen y digan toda clase de males contra nosotros, mintiendo, aún así les seguiré diciendo, “no está a la venta”.

Considere también a las Escrituras. No son pocos los que están negando la palabra de Dios. Pero, aunque muchos la nieguen como palabra de Dios, ella sigue siendo palabra de Dios, y sigue teniendo la misma utilidad y poder con que Dios la ha dotado. Todavía es poderosa, todavía sigue diciendo la verdad. Hace unos días discutía con un par de judíos (uno “mexicano” y el otro “judío”), y uno me decía que mi Biblia era “romanista”, y que no debía leerla ni creer en lo que dice. Cuando le pedí al “judío mexicano” que me indicará la manera en que él conocía la voluntad del creador, ¿sabe qué hizo? Tomó mi Biblia y pretendía citarme algunos textos bíblicos del pentateuco. Le dije, “no Señor, usted no puede usar mi Biblia porque, según usted, es romanista.”. Le pedí al otro hombre que me prestara su texto hebreo y se lo pasé al judío mexicano para que me mostrara allí lo que quisiese decirme. Y bueno, aquí había un problema, pues él no hablaba, ni sabía leer hebreo. Entonces le dije, ¿Cómo sabe usted que, aquello que le dice su rabino en hebreo, es lo que realmente dice Dios? No lo van a creer, pero tuvo que volver a la misma traducción bíblica que yo uso (¡) Tuvo que volver a la Biblia romanista. Él no quería reconocer que, a final de cuentas, estaba aceptando la traducción romanista que yo he usado desde que obedecí el evangelio. ¿Y qué hay sobre la enseñanza del rabino que se le transmitía en hebreo? No le servía de nada, porque cuando alguien nos habla en un idioma que no entendemos, sencillamente no tiene ningún provecho. Afortunadamente, y por providencia divina, la Biblia, la Palabra de Dios, está al alcance nuestro, en nuestro idioma, de tal suerte que podemos conocer y gozar de su poder. Cuando alguien intente tomar su Biblia y le ofrezca a cambio otro libro, dígales, “No está en venta”. No acepte esa transacción.

Hay más que podría decir. A usted y a mí se nos ha dado una herencia preciosa. Nuestros antepasados nos dieron una herencia de santidad, alabanza y poder espiritual. Muchos de nuestros antepasados murieron para preservar lo que tenemos. Debemos proteger eso con nuestras vidas para que tengamos algo que transmitir a otros.

NABOT CONSIDERÓ EL VALOR DEL REY.

Leamos otra vez el verso 3, y, considere algo interesante: “Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres”. Nabot dijo, “yo te dé a ti”. Considere las dos últimas palabras, “a ti”. ¿Lo ven? “a ti”. Allí vemos algo que ha sido considerado. Tal determinación dice algo acerca del rey. Es como si Nabot le estuviese diciendo, “Tu no eres digno de comprar a ningún precio lo que he recibido de mis padres. No está a la venta”.

Mis hermanos, los que quieren tomar lo que tenemos no son dignos de poner un pie en nuestra herencia. No debemos darles ni una pulgada; porque si lo hacemos, no tendremos nada que pasar a la próxima generación. Pablo dijo en Efesios 4:27, “ni deis lugar al diablo”. Lo que tenemos vale más que agradar al mundo, a la carne o al diablo. Lo que tenemos vale más que encajar y ser aceptados. Debemos proteger lo que tenemos a toda costa. ¡Nada importa más que agradar al Señor! Cuando intenten tomar lo que tiene, simplemente dígales, “No está a la venta”. Y es que ellos no pueden apreciar, ni comprender lo que tenemos en Cristo. Ellos creen que no vale nada lo que tenemos, o que puede ser intercambiado por algo que consideran “mejor”, pero no hay nada mejor parte del Señor y sus promesas.  

Conclusión: El resto de la historia: v. 4 Acab hizo pucheros; v. 5-10 Jezabel trazó un plan; v. 11-14 Nabot pereció; v. 15-29 Dios prevaleció. Nabot pagó un precio, pero se mantuvo firme para el Señor y su herencia pasó a la siguiente generación. Lo que la próxima generación tenga mañana estará determinado por lo que hagamos hoy. Vayamos ante el Señor, agradecidos por lo que tenemos y determinemos que nada de lo que tenemos en él, nada está en venta.

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