¿Cómo se alienta a los obreros de Dios?

Iglesia de Cristo en Constituyentes.

¿Cómo se alienta a los obreros de Dios?

(1 Reyes 19:1-21). También Elías sufrió un momento de depresión. Estuvo sentado debajo de un Enebro, pidiendo a Dios que le quitara la vida. El poderoso profeta de Dios estuvo desanimado y sumamente deprimido. Él ha sido usado poderosamente por el Señor, por lo que esperaba que aconteciera también un poderoso avivamiento sobre la tierra. Elías esperaba que el pueblo de Israel se arrepintiera de sus pecados y volviera a Dios con todo su corazón. Pero, cuando eso no sucedió, y cuando Elías fue amenazado por la malvada reina Jezabel, sintió como si él y su ministerio fueran un fracaso. Por lo tanto, abandonó su puesto, no quiso enfrentar el problema y abandono a su propia gente.

Si bien Elías es una imagen perfecta del siervo de Dios que está pasando por un momento difícil, también puede ser un retrato de aquel que sirve al Señor pero que es culpable de pecado. El versículo 4 revela la verdad de que, el profeta Elías, pensó más en sí mismo de lo que debería. Este es un problema que todos debemos evitar. Pablo dijo, “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Y sobre este pecado en particular, también Pablo dijo, “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). Es muy, pero muy probable que la voluntad de Dios para Elías hubiese sido que él se haya enfrentado a Jezabel, dirigiendo al país hacia una renovada devoción al Señor. Sin embargo, eso no ocurrió. No obstante, cuando vemos cómo Dios trata con su siervo que ha caído, podemos ver los pasos que Dios da en la vida de aquellos a quienes quiere seguir usando para su honra y su gloria. Estemos, pues, junto a nuestro amigo Elías en ese Enebro, y veamos los pasos que Dios lleva a cabo para restaurarlo al lugar de servicio que antes tenía. En esta ocasión no estaremos pensando en cómo caen los obreros del Señor, sino en cómo son restaurados.

LA MISERIA DEL PROFETA (v. 1-4)

En los versículos 1 al 3, vemos a Elías “huyendo”. Después de los grandes acontecimientos del monte Carmelo, Acab regresa a casa con su esposa Jezabel. Sin duda, está esperando escuchar la noticia de que sus profetas obtuvieron una gran victoria. Después de todo, probablemente vio caer el fuego del cielo y ahora ve la lluvia. Debe creer que Baal es responsable de todas estas cosas. Pero, en lugar de buenas noticias, Acab le dice que fue Elías el que ganó ese día y que incluso mató a sus sacerdotes. ¡Cuando escucha esto, se enfurece! ¡Ella toma el asunto en sus propias manos y decide que Elías debe morir!

Entonces, en lugar de ponerse de pie, como lo hizo ante Acab y los profetas de Baal, Elías huye con el rabo entre las patas. Esto es interesante. Él ya había sido victorioso ante un arroyo seco, ante vasijas vacías, ante un niño muerto, ante el altar sin fuego, ante los profetas de Baal y ante la sequía, y después de haber visto la gloria y el poder de Dios en todo eso, ¡Él sale huyendo ante la amenaza de Jezabel! Elías hace algo que no tiene sentido. Él huye.

En los versículos 3 al 4, vemos al profeta escondiéndose. Elías deja a su sirviente en Beerseba y se va solo por el desierto. Él no quiere ser encontrado. Elías tira la toalla y le pide a Dios que le quite la vida. El pobre Elías ha tocado fondo.

En el versículo 4, vemos al profeta racionalizando.  Elías intenta racionalizar su solicitud de muerte diciendo que él no era mejor que sus padres. Pero, ¿Quién le dijo alguna vez que era mejor que sus padres, como para haber llegado a la conclusión de que no lo era? Además, ¿por qué no piensa en todas las cosas imposibles para el hombre que Dios hizo por medio él? Y aunque no era mejor que los demás, tuvo fe en el poder de Dios, y eso fue suficiente. El problema es que tuvo falsas expectativas. Creyó que Acab y Jezabel se arrepentirían cuando vieran lo que Dios hizo. Debe haber soñado con llevar a toda la nación a un gran avivamiento. Supongo que pensó que era el hombre del momento y que el mundo caería a sus pies. ¡Nada impacta tanto al sistema como descubrir que no somos lo que creíamos que éramos! Esta es la miseria del profeta.

UN SERVICIO A FAVOR DEL PROFETA (v. 5-14)

Un servicio relativo a la consideración (v. 5-8). Después de la demostración de autocompasión de Elías, uno podría pensar que el Señor simplemente lo descartaría como causa perdida. Pero, afortunadamente, el Señor no obra de esa manera. Es común que como hombres hagamos eso. Como cuando Pablo ya no quiso llevar consigo y Bernabé a Juan Marcos. Pero, el Señor no es así. Dios sabía que Elias necesitaba aclarar algunas cosas en su mente. Por eso, el Señor llevó a cabo un servicio como consideración en favor del profeta. Esto lo vemos en dos formas:

  1. Le dio descanso (v. 5-9). Dios sabía que el profeta había gastado mucha de su energía física, y estaba muy, pero muy agotado. Lo que Elías necesita era un descanso. Dios sabía eso y permitió que el profeta descansara.

Por cierto, hermanos, ¡Dios nunca tuvo la intención de que nuestros cuerpos corrieran como quisiéramos hacerlo! Usted y yo nunca debemos ser culpables de pereza, pero debemos entender que nuestro cuerpo necesita descanso. Debemos entender que cuando estamos descansados, lograremos más por Dios que si estamos agotados físicamente. Debemos recordar que, incluso el Señor Jesús se tomó un tiempo para descansar, “Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer” (Marcos 6:31).

  1. Le bendijo con un refrigerio (v. 5-8). Dos veces se nos dice que un ángel se apareció al profeta y le proporcionó comida en el desierto. Esta vez no habría arroyo, ni cuervos, ni habría panes de harina. Ahora, el profeta comería directamente de la mano del Señor mismo. ¡Qué grande gracia! Piénselo, aquí hay un hombre que se está muy, pero muy desalentado, ¡pero Dios no se ha quedado sin él! Así como Jesús más tarde alimentó a sus discípulos descarriados (Juan 21:1-14), aquí alimenta a su profeta desanimado. El Señor sabía que más que una conferencia, Elías necesitaba descanso y alimento, por lo que el Señor se ocupó de las necesidades básicas del profeta.

Cuando estamos en un momento de desánimo, depresión o duda, descubriremos que el Señor sabe exactamente cómo satisfacer nuestra necesidad. A menudo, se ocupará de un síntoma antes de resolver el problema. ¿Por qué? ¡Podríamos estar en condiciones de escuchar con más claridad! Si el Señor ha tratado de razonar con Elías cuando estaba exhausto, hambriento y deprimido, no se habría logrado nada. Por lo tanto, el Señor lo encontró, se ocupó de sus síntomas y luego siguió adelante para ocuparse de su mayor necesidad. Miren, lo que está enfrentando en este momento puede no ser su problema real, pero el Señor se ocupará de usted donde se encuentre para que pueda ponerlo en una posición en la que pueda escucharlo mejor. ¡Él tiene una forma de llamar nuestra atención!

  1. Recibió compasión (v. 5-8). El Señor no solo alimentó a Elías y le permitió descansar, sino también trató con él directamente. Es una bendición ver cómo el Señor le habló a este profeta desanimado y derrotado. Nos enseña que el Señor tiene compasión de los temerososel caído el tonto. Después de todo, Elías era todas estas cosas y nosotros también lo somos a veces.
  2. Recibió la mansedumbre del Señor (v. 5-7). Cuando el Señor viene a Elías, no hay sermones, no hay reproches, ni reprimendas. El Señor simplemente toca al profeta, satisface su necesidad y le habla gentilmente. El versículo 6 también nos muestra la condición del corazón de Elías. Tenga en cuenta que cuando el Señor se le aparece, no hay arrepentimiento por el pasado, ni gratitud por el presente ni carga por el futuro. ¡Elías es un hombre que necesita desesperadamente un avivamiento personal! Y el Señor es sumamente gentil con él.

Creo que muchos de los hijos de Dios tienen la impresión de que Dios está parado sobre ellos con un bate de béisbol cósmico, esperando que cometan un error para poder golpearlos con él. Si bien es cierto que Dios es un Dios quien disciplina a Sus hijos (cfr. Hebreos 12: 6-11), también es cierto que Dios es paciente con Sus hijos. Recuerde, Jehová es “fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Éxodo 34:6). Gracias a Dios que Él es así. ¿Cuántas veces hemos visto al Señor tratarnos con ternura y paciencia? Pienso en lo que la Biblia nos dice acerca de Nabucodonosor. El Señor trató repetidamente de hablarle al corazón por medio de Daniel (Daniel 2-4). Cuando el rey no se arrepintió y no se volvió al Señor, Dios lo juzgó y lo humilló durante 7 años. Al final de ese período de tiempo, Nabucodonosor se arrepintió de sus pecados y se volvió al Señor. Dios lo juzgó, ¡pero primero lo trató con paciencia!

Elías gozó de la gracia de Dios (v. 7-8). La compasión de Dios también se ve en el hecho de que trató al profeta con gracia. Esto se ve en tres áreas.

  1. Por su presencia. A pesar de que Elías se había alejado de Dios. ¡Dios no ha dejado a Elías! Dios seguía siendo fiel a pesar del fracaso del hombre. ¡Dios nos extiende la misma gracia a usted y a mí! Independientemente de hacia dónde conduzcan los caminos del desánimo, nunca debemos temer ser abandonados o por Dios.
  2. Su gracia se hace evidente por sus provisiones. A pesar de que Elías estaba en un lugar de su propia elección, huyendo de la voluntad de Dios para su vida, ¡Dios satisfizo sus necesidades! Note especialmente las palabras del versículo 7. Elías tiene un viaje de su propia elección, rumbo a un destino de su propia elección, ¡y aun así el Señor está preocupado por satisfacer la necesidad del profeta! ¿Cuántas veces Dios ha hecho lo mismo por usted y por mí? Huimos de Él y de Su voluntad para nuestras vidas y, sin embargo, Él sigue siendo fiel, siempre presente y continúa permitiendo que Sus bendiciones caigan sobre nuestras vidas. ¿Por qué lo hace? Por llevarnos al lugar del arrepentimiento, como dijo Pablo, “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (cfr. Romanos 2:4).

¡No cometa el error de irse por el camino equivocado! Si cae en el pecado, el Señor lo tratará con paciencia, amor y compasión. Sin embargo, si se niega a arrepentirse y volver a Él, el día vendrá cuando Él tratará con usted y con su pecado con dureza. Él puede ejercitar la paciencia por un tiempo, pero llegará el momento en que usted sufrirá por su pecado y se arrepentirá demasiado tarde de no haber recibido la misericordia de Dios.

  1. La gracia de Dios se hace evidente por la paciencia de Dios. Aunque Elías está huyendo en cuerpo y de corazón, el Señor es muy paciente con él. Incluso permite que Elías siga su propio camino por un tiempo. Dios no descarta a Elías como una causa perdida, porque Dios todavía tiene planes para el profeta. Sin embargo, Dios permite que Elías llegue al final de sí mismo para que aprenda a mirar al Señor nuevamente.

¡Dios es paciente con usted y conmigo también! Si obtuviéramos lo que merecen muchas de nuestras acciones o pensamientos, Dios nos abandonaría por un otro que lo ame primero, lo sirva con dedicación y lo honre como Señor. Sin embargo, incluso cuando le fallamos ¡Él es fiel para estar a nuestro lado! ¿Por qué? Porque Él tiene planes para nuestras vidas y un propósito para nuestro futuro. Sin embargo, que nunca olvidemos que Elías nunca más se elevó al nivel de prominencia que disfrutó antes de este incidente. Su desobediencia le costó mucho, y también nos costará mucho a nosotros. Me pregunto qué podríamos lograr para Dios si realmente viviéramos para Dios como deberíamos.

Dentro del servicio a favor de Elías, está también la confrontación (v. 9-14). Si bien el Señor fue considerado con las necesidades del profeta y se mostró compasivo con él mientras solucionaba sus problemas, Dios sabía que la raíz del problema tenía que ser resuelto. Elías tenía pecado y orgullo en su corazón y tuvieron que ser desarraigados antes de que el Señor pudiera usarlo nuevamente. Estos versículos nos dicen cómo el Señor consiguió llamar la atención del profeta.

Dios le entrega un desafío (v. 9-10). Elías llega al monte Horeb. Esa montaña fue un lugar de gran importancia para los hijos de Israel. Aquí, Moisés se había encontrado con Dios junto a una zarza ardiente. Aquí, Dios había transmitido Su Ley al pueblo de Israel. Quizás Elías fue aquí para que él también pudiera escuchar la voz de Dios. Cuando llega, entra en una cueva y se sienta a esperar que Dios hable. Esto nos dice que no está del todo decepcionado. La voz del Señor llega al profeta en esa cueva lúgubre, y cuando el Señor habla, es para lanzar un desafío. Le hace a Elías esta pregunta, ¿Qué haces aquí, Elías?

¿Qué estás haciendo en una cueva en el monte Horeb? ¿No te envié a predicar a mi pueblo Israel? ¿No deberías estar en Israel dirigiendo a mi pueblo en un gran avivamiento? No te llamé para que corrieras a esta cueva y te escondieras. Te llamé para que te presentaras ante los reyes, para desafiar a los falsos dioses y profetas y para ser un ejemplo de justicia para el pueblo de Israel. Entonces, Elías, ¿qué estás haciendo aquí?

Fue un llamado para que Elías examinara su vida y sus prioridades. Era el momento de que Elías se enfrentara cara a cara con el hecho de que había pecado contra el Señor. Por supuesto, Elías responde recordándole al Señor todo lo que ha hecho y lo sólo que está. Básicamente, Elías se queja de lo que cree que es el problema. (Por cierto, si usted quiere quejarse de algo, entonces hágalo con el Señor. El puede tolerarle y responderle mientras lo hace).

Me pregunto si Dios le está haciendo a alguien aquí la misma pregunta esta mañana. “¿Qué estás haciendo aquí? ¡No te salvé para estar en esa condición! ¡No te llamé para estar haciendo cosas así!» ¡Te llamé para que me sirvieras! ¿Qué haces aquí? Ha habido numerosas ocasiones en mi experiencia con Dios en las que he escuchado esa suave reprimenda del Espíritu Santo. Nos permitimos desviarnos del camino de la fidelidad al Señor y seguimos nuestro propio camino. O desarrollamos una mala actitud. O, nos relajamos en nuestro servicio a Dios. O, caminamos hacia el pecado manifiesto. Cuando lo hacemos, el Señor dice: «¿Qué estás haciendo aquí?» ¡Esta es la manera en que Dios llama nuestra atención! Si hoy le habla, ¿tendría que hacerle la misma pregunta? Es difícil pensar en ello, pero agradezco a Dios por los desafíos de la Palabra de Dios y de la Espíritu de Dios. Recuerda: «Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete.» Dijo el Señor (Apocalipsis 3:19). Si el Señor desafía su vida, ¡es solo porque te ama!

Un mandamiento (v. 11a). Ahora que el Señor tiene la atención de Elías, le ordena al profeta que se presente ante Dios. Por cierto, ¡aquí es donde Elías debería haber estado todo el tiempo! Dios está llamando a Elías de regreso al lugar de la entrega total. Al lugar donde nada era más grande a sus ojos que el Señor Dios. Miren, Elías había dejado que Acab, Jezabel y los pecados del pueblo eclipsaran a Dios. ¡Dios lo llama de regreso a ese lugar donde nada más que Dios importa!

¡Ese es el lugar donde todos debemos estar hoy! ¿Sabe que sus problemas no son su problema? ¿Sabe que sus pruebas tampoco son su problema? ¿Sabe que su depresión, su desánimo y su derrota no es su problema? ¿Sabe que incluso sus pecados no son su problema real? Cuando tenemos problemas en la vida, ya sean espirituales, materiales o emocionales, la verdadera raíz del problema es que algo se ha apropiado del lugar que a Dios le corresponde. Si Él es todo lo que dice ser, entonces, ¿qué problemas hay? Si Él es realmente Dios, y Él realmente tiene el control, entonces Él puede encargarse de cualquier situación. Como Elías, debemos aprender a quitar nuestras manos del volante y ceder todo control al Señor. Tomemos la amonestación del libro de Hebreos y llenemos nuestra visión con Jesús y solo con Jesús (Hebreos 12:1-2)

Una confrontación (v. 11b-14). Mientras Elías estaba en esa cueva en el monte Horeb, el Señor pasó. Primero, hubo un gran viento fuerte que rasgó la montaña, luego un terremoto que sacudió la montaña hasta sus cimientos. Después de eso hubo un gran incendio. Sin embargo, se nos dice que el Señor no estaba en ninguno de estos. Después de eso, hubo una voz suave y apacible. Lo que el terremoto y el fuego no pudieron hacer, lo hizo la pequeña y tranquila voz: ¡tocó el corazón de Elías! Esto era lo que Elías necesitaba. Necesitaba saber que Dios no está interesado en las cosas grandes y sorprendentes que impresionan a los hombres. Le interesa trabajar en el corazón de los hombres. Elías estaba acostumbrado a lo extraordinario. ¡Estaba acostumbrado a lo asombroso! Después de todo, ¿quién más fue alimentado con cuervos? ¿Quién más vio a Dios alimentar a tres personas con un par de vasijas que ya estaban por quedarse vacías? ¿Quién más había visto a Dios resucitar a alguien de entre los muertos? ¿Quién más había reprendido a un rey y había vivido para contarlo? ¿Quién más había desafiado a 450 profetas de Baal, había orado de tal suerte que cayera fuego desde el cielo y luego había degollado a los profetas? ¡Elías está acostumbrado a lo espectacular! ¡Dios quiere enseñarle que es la obra de Dios en el corazón del individuo lo que es de vital importancia! El poder de Dios está en la Palabra de Dios y en la obra de Su Espíritu en los corazones de los hombres.

A veces somos culpables de lo mismo, ¿no? ¡Cuando vemos que suceden grandes cosas, nos emocionamos! Cuando vemos que la iglesia crece, que la gente se salva, que hay alguna sanidad en respuesta a la oración, eso nos encanta ver, oír y mirar. Sin embargo, nos olvidamos de que Dios no siempre se mueve en manifestaciones externas grandes y visibles. A menudo, las obras más grandes de Dios se hacen en los lugares secretos del corazón. Como Dios habla y hace crecer al individuo, ¡Su gloria se revela de maneras que no podría ser de otra manera! Dios está en el trabajo de hacer crecer a los hombres a la imagen de Su Hijo, y no a obrar milagros todo el tiempo (Efesios 4:13). Tomar a un pecador, salvarlo por gracia y reproducir a Jesús en él es un milagro del más alto nivel.

LA ENMIENDA DEL PROFETA (v. 15-21)

En los versículos 13-14 se nos dice que a Elías se le vuelve a hacer la pregunta: “¿Qué haces aquí, Elías?» Su respuesta sigue siendo la misma respuesta quejumbrosa de siempre. Y noten esto, la pregunta de Dios está en tiempo presente. La respuesta de Elías en tiempo pasado. Mis hermanos, no importa lo que haya hecho por el Señor en el pasado, la pregunta es, ¿qué estamos haciendo por el Señor hoy? Esta vez Dios aclara al profeta y le dice cómo son realmente las cosas. Dios tiene un plan para que Elías vuelva a encarrilarse.

  1. Implicó una nueva comisión (v. 15-17). Se le dice a Elías que regrese a Israel a través de Siria. Allí, él debe ungir a 2 reyes y un profeta. Se le da una asignación importante del Señor. Se le da evidencia de que el Señor no ha terminado con su vida. ¡Sin duda, esto fue un estímulo para el hombre de Dios!

A los que se han desviado del camino del Señor les haría bien si se presentaran ante Él esta mañana, confesaran que han pecado y le pidiesen una nueva asignación. El Señor es fiel, Él le perdonará y sin duda alguna que le usará de nuevo. Como Elías, es posible que nunca seamos lo que éramos antes, ¡pero aún podemos ser una bendición para el reino de Dios! Si está revolcándose en el pozo de la depresión, ¿por qué no se presenta al Señor? Si lo hace, él lo usará de nuevo para su gloria. Él todavía tiene planes para su vida. Hágalo mientras hay aliento en su boca.

Implicó un nuevo consuelo (v. 18). Dos veces Elías se había quejado de que estaba solo en su devoción al Señor (v. 10, 14). Sin embargo, Dios le dice que hay otros 7,000 que no han adorado a Baal. ¡Elías no está solo! Hay otros que lo apoyarán. Se le da esperanza y aliento.

Hermanos y amigo, ¡tampoco usted está solo hoy! Ya sea por desánimo, depresión, pecado o cualquier otra cosa que desees nombrar, otros han pasado por eso y también lo están sufriendo. Incluso si no se puede encontrar consuelo humano, el Señor sabe por lo que estás pasando y está siempre presente para ayudarte con cualquier crisis que puedas enfrentar en la vida (Hebreos 4:15-16). No olvidemos acudir a Él en busca de la ayuda que necesitamos (Fil. 4:6-7).

Involucró un nuevo compañero (v. 19-21). Cuando Elías se fue al desierto, dejó a su sirviente en Beerseba (v. 3). Estaba completamente solo. Dios sabía que esto no era bueno y le dio un hombre llamado Eliseo. Eliseo iba a ser un compañero de Elías y tomaría el lugar de Elías cuando terminara su ministerio. Me gustan las palabras finales de este capítulo, “y le servía”. Dios sabía que las cargas que Elías llevaba eran demasiado pesadas para que él las llevara solo, así que le dio un confidente, un amigo, un compañero. Le dio uno para que caminara a su lado a través de los valles y las dificultades. Note que Dios le dijo a Elías que se reunirá con tres personas (v. 15-16). Pero Eliseo es el primero en encontrarse con Elías. ¡Dios pone a este hombre en la vida del profeta para ayudarlo en su camino!

Todos necesitamos ese tipo de ministerio personal de vez en cuando. Dice Proverbios 27:17, “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. Básicamente, no necesitamos aislarnos de otras personas. Necesitamos amigos y compañeros a medida que avanzamos en esta vida. Qué bendición tener a alguien en quien confiar. Tener un amigo que sufre contigo, que te ayudará a llevar las cargas de la vida, quienes orarán contigo, llorarán contigo, ¡y aun cuando no entiendan todo de ti, todavía te amarán! Los apóstoles tuvieron ese tipo de ministerio en la Persona del Espíritu Santo (Juan 14:16-18; Juan 16:7-15). Sin embargo, todavía necesitaron la interacción humana. Si usted no lo tiene, pida a Dios que ponga a alguien en su vida para que tenga esa clase de servicio. Imagínese el ministerio que Eliseo tuvo en la vida de Elías.

Conclusión: Cuando este capítulo en la vida de Elías llega a su fin, lo encontramos bien encaminado hacia la recuperación. ¡Ha vuelto y está sirviendo a Dios una vez más! La ayuda del Señor en su vida lo ha librado del borde de la muerte y del naufragio. Algunos de ustedes necesitan esa ayuda hoy. Si está a punto de renunciar al Señor, si está demasiado desanimado, o derrotado, bueno, él le está hablando esta mañana. ¿Qué haces aquí? Venga a él, ahora que sabe lo que él tiene para darle.

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