Nehemías 4:1-3, 10-12, 14.
Nehemías es uno de los libros y personajes menos conocidos de la Biblia y, sin embargo, el relato de su vida y logros constituye un gran desafío y testimonio para todos los creyentes. Estos eventos ocurren después del cautiverio en Babilonia. El primer grupo ya había regresado a Jerusalén bajo la dirección de Zorobabel. Unos 80 años más tarde, Esdras condujo otro grupo de regreso, y durante esa campaña uno de los hermanos de Nehemías volvió con noticias desesperadas de Jerusalén. Esto conmovió el corazón de Nehemías y lo impulsó a regresar él mismo.
Debemos entender que Nehemías tenía un cargo alto y prestigioso como copero del rey Artajerjes de Persia. Era amado y estimado por el rey. Le hubiera sido fácil desear quedarse en Persia en vez de arriesgar su vida en los esfuerzos por Jerusalén.
Cuando Nehemías llega a Jerusalén y observa la necesidad, encuentra gran devastación y oposición. Sin duda, no sería una tarea sencilla. En nuestro texto, Nehemías enfrenta voces de oposición y voces de desaliento. Parecía que todos tenían una perspectiva sobre la obra.
Pero Nehemías tenía una visión diferente a la de los demás. Al considerar estos tres puntos de vista, descubrimos cómo nuestra perspectiva determina nuestro futuro. El pasaje nos enseña principios sobre cómo nuestro enfoque afecta nuestro porvenir.
LAS EXTERNAS VOCES HOSTILES (4:1-3).
Y que, la primera voz que escuchamos refleja gran hostilidad. Es una hostilidad que viene del exterior. En este contexto son Sanbalat y Tobías quienes se levantaron en oposición contra la obra de Nehemías.
Consideren su ira (v.1).
Cuando Sanbalat oyó que reconstruían el muro, se enfureció, se indignó grandemente y se burló de los judíos. Estaba furioso, lleno de rabia, y su enojo lo llevó al escarnio. Como gobernador de Samaria, temía que los judíos cobraran poder y redujeran su propia influencia. No quería que prosperaran.
Así también hoy hay quienes se oponen al Señor, a su iglesia y a todo lo que a él pertenece. Preferirían que la iglesia no existiera, y si existe, no quieren verla prosperar. Esto nos enseña que, aquel que se levanta a favor del Señor encontrará oposición y enojo.
Sus acusaciones (v.2)
Sanbalat acusó a los judíos de ser débiles, insensatos y fracasados. Los llamó endebles, incapaces de fortificarse; ridiculizó su fe preguntando si Dios mismo podría ayudarlos, y los consideró ilusos por pensar que podrían reconstruir una ciudad desde las ruinas.
Así también el mundo ve al cristiano moderno: débil, ingenuo y fracasado. Niegan la Palabra de Dios, el cielo, el infierno y la vida eterna. Consideran la fe en Cristo una pérdida de tiempo.
La suposición de Tobías (v.3)
Tobías agregó que, aunque levantaran un muro, bastaría con que un zorro subiera para derribarlo. Es decir, todo sería en vano. Así son los burladores: existieron en los días de Nehemías, en la iglesia primitiva, y aún hoy. Pero la obra de Dios permanece para siempre.
LAS INTERNAS VOCES ESCRUPULOSAS (4:10-12).
La siguiente voz viene, desde dentro y es la voz de Judá. No sorprende cuando los de afuera dudan, pues no conocen al Señor, pero entristece cuando la desconfianza proviene de dentro del pueblo de Dios.
Hablaron de debilidad (v.10a)
“El esfuerzo de los cargadores desfallece”, dijeron que no tenían fuerzas para continuar.
Hablaron de cansancio (v. 10b)
“El escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.” Veían la tarea como imposible. Así también hoy algunos en la iglesia, agotados por labores pasadas, se sienten incapaces de seguir. Pero nuestra fuerza está en el Señor, no en nosotros.
Hablaron de abandono (v. 11-12)
El temor a los enemigos y sus amenazas sembró miedo en sus corazones. Dudaron de sí mismos y de Dios, y estuvieron listos para desertar. Así también hoy muchos han dejado de congregarse o servir, porque consideraron su labor imposible. Eso es exactamente lo que el enemigo desea: que abandonemos la obra.
III. LA VOZ QUE VIENE DE LO ALTO (4:14)
Entonces Nehemías se levantó y habló a los nobles, gobernantes y al pueblo: “No temáis; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, hijos, hijas, mujeres y casas.”
Habló de valor
“No temáis.” Aunque todo parecía perdido, Dios seguía en control. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro. 8:31).
Habló de confianza.
“Recordad al Señor, grande y temible.” El mismo Dios que los libró de Egipto y de sus enemigos, los había traído de regreso. Estaban seguros en él.
Habló de compromiso: “Pelead por vuestros hermanos…” Había demasiado en juego: familias, futuro, nación. No podían abandonar la misión. Lo mismo ocurre hoy: nuestros hijos, nuestra comunidad y nuestro mundo necesitan una iglesia fuerte y fiel.
CONCLUSIÓN.
Muchas voces se escuchan hoy: voces de afuera, voces de adentro, y la voz de arriba. ¿Cuál escucharemos? Como Nehemías, debemos oír la voz de Dios y seguir su dirección.